jueves, 9 de abril de 2009

¿No es peor levantarse de mal humor? (Microrelato 100 palabras)






“Estaba en el baño preguntándome si me masturbo demasiado”. Afirmaba por la radio una joven que había leído que unos momentos de gozo y sudor pueden liberar mente y cuerpo de tensiones y stress. Le preocupa estar fuera de lugar y desearía consultar porqué la masturbación la hacía sentirse bien. El amor a uno mismo podría ser un primer paso hacia el amor a los demás. Pero hemos oído historias acerca de la maldición de dios. Entonces qué hacer si uno se levanta cada mañana con un pene erecto que mediatiza sus actos. ¿No es peor levantarse de mal humor?



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TAPAZIA

Pero degustando un formatge en el Bar Tapazia oímos alguna  historia acerca de la maldición de dios


sábado, 7 de febrero de 2009

Muerto de celos (Relato breve)

- ¿Es guapa? –Hermosa como pocas. El marido la pilló in fraganti con el jefe. A la chica le gustaba la buena vida, los regalos caros y él no podía ofrecerle ese ritmo de vida; finalmente, se veía venir, lo abandonó y se fue con el jefe. –¡Hombre! El dinero no lo es todo. –Terció Mariano–. ¿No será que el marido la tenía insatisfecha sexualmente hablando? –De todo puede haber –continúa Rafael–, ten en cuenta que, al contrario que él, ella es una mujer joven, atractiva y probablemente muy seductora, es posible que el marido tampoco la pudiera tener satisfacerla sexualmente, en la medida que la chica lo necesita, y por eso lo dejó, es lógico.

Mariano siente como si un reptil le bajara y subiera del pecho, traga saliva. En tanto se despide de Rafael, piensa en su joven y ardiente esposa: “Las últimas semanas llega más tarde a casa con la excusa de que va al gimnasio, discutimos con frecuencia, he visto nueva lencería en su tocador y además huele diferente”. En estos momentos Mariano, en un gesto inconsciente, ya se está pasando una mano por la frente y piensa en las veces que él mismo ha engañado a su mujer con una compañera de la oficina. – Nos tenemos confianza, sí, pero ¿por qué ella habría de ser diferente? Vuelve a pasarse la mano por la frente que exhala gruesas gotas de sudor mientras piensa en posibles adversarios: ¿El jefe, su monitor de spinning o será ese compañero de trabajo recién ascendido, o tal vez su ginecólogo? –¡Hum! Nunca me gustó cómo ese maldito galeno se le quedó fijamente mirando a las piernas. Mariano vuelve a tragar saliva mientras el viento le golpea de frente como una fría y cortante cuchilla.

De camino a casa un semáforo en rojo lo detiene. Es un cruce y observa con estupor cómo lo atraviesa un moderno auto con una pareja dentro. – ¡Es ella, es ella! Trata de girar para perseguir al coche, pero el semáforo vuelve a verde y la densa circulación se lo impide. Con gesto contraído decide aparcar el vehículo y tomar unas copas. Imagina a su mujer y al tipo haciendo el amor, ambos jadeantes. Desesperado, como un perro perdido en la noche, siente que la tierra se abre bajo sus pies; se figura el ridículo, las miradas burlonas de los amigos y se sumerge en el alcohol.

En esa difusa línea entre la sobriedad y la angustiosa desmesura, se le avienen todo tipo de imágenes. Su cabeza es un bullir de chimeneas expeliendo humo y, entre el humo, flores blancas, tal vez jazmines, esos que a ella tanto le gustan. Aprieta los dientes con los ojos puestos en ninguna parte, se le inflaman las venas del cuello y, sin saber cómo, le llega un intenso olor a incienso. Imagina a su esposa dejándose desnudar por el sujeto. Una y otra vez traga saliva suponiendo las manos del otro recorriéndole la espalda, los pechos, las nalgas… se pregunta qué ha hecho mal, si acaso no le está dando todas las atenciones que ella merece… y la sospecha gimiendo, echando la cabeza hacia atrás y expandiendo el pecho hacia delante, hacia la boca del otro… bañado ya en alcohol, con el puño en forma de martillo, da un fuerte golpe en la mesa y se pone en pie, huyendo alterado hacia la calle con el rostro bañado de sudor.

Tic tac tic tac. Son las 02:00 de la madrugada. Él llega a casa. La chica duerme con normalidad. La mira con ganas de estrangularla, pero decide no molestarla y se queda en el sofá. El alcohol le ayuda a conciliar el sueño. Despierta. Frío y calculador se dirige a la cocina y prepara un abundante desayuno. Se dirige a la habitación conyugal, su esposa se está despertando. Él la besa. Le habla suave, dulce, conciliador. Ella se disculpa. –Me quedé dormida esperándote, ¿dónde estuviste? –Nada, cielo, me retrasó el trabajo y cuando llegué dormías tan profundamente que no quise despertarte, por eso me quedé en el sofá. Te he preparado un buen desayuno. - ¿Has preparado el desayuno, esto sí que es una sorpresa? Mariano regresa con una bandeja repleta de variadas viandas: café, zumos, tostadas, frutas… – Mmmm ¡qué bueno! La chica de un trago bebe un largo vaso de zumo de naranja, a continuación, unta una tostada y la devora entre risas. –Cariño que sorpresa más agradable, desayunar en la cama, espero que no sea la úuuultimmmmaaaaaaaaaa vezzzzz. Cae sobre la bandeja. El veneno había actuado rápido. Mariano toma café. Zumo. Tostada. Se sitúa al lado de la chica. La abraza y se dispone a morir junto a su amada.

-Gracias a Dios que despiertas por fin. - ¿Dónde estoy? -Tuviste suerte, tal como habíamos quedado por la noche al salir del gimnasio, pasé por tu casa para ir juntas al trabajo. Me extrañó que no estuvieras lista y sobre todo que no atendías el timbre de casa. Tampoco cogías el teléfono y tu perrito no paraba de ladrar. Acudí al portero que no te había visto salir a ti ni a tu marido, así que decidió abrir la puerta y os encontramos echados en la cama inconscientes; de esto hace ya tres días. - ¿Y Mariano, él dónde está? –Lo siento querida, a ti te salvamos. Con él no llegamos a tiempo.


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©Alonso de Molina

miércoles, 21 de enero de 2009

Nos han concedido el Premio Dardo



Premio Dardo otorgado por Coreografía de Emociones

Nomino para el premio Dardo a:

Pedro Arguedas Ibáñez

Benjamín León

Antonietta Valentina

Luis Oroz

Sara Castelar Lorca

sábado, 22 de noviembre de 2008

Historias de cualquier otoño -5- Viva la revolución de los claveles


¡Que revienten las tardes! gritaban las chicharras.

Grândola, vila morena
Terra da fraternidade,
O povo é quem mais ordena
Dentro de ti, ó cidade.
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Grândola, villa morena
Tierra de fraternidad
El pueblo es quien más
ordena. Dentro de ti, oh ciudad
“Zeka” Afonso (escuchar la cancion)

De la sombra de algún precipitado exilio
he vuelto a la recámara de las profundidades
-sórdidas, abatidas- de las impuestas fechas.

A pesar de los años, advirtieron mi anverso
los abismos obtusos -clónicos, eclipsados-
y de reversa suerte seguían esperando
al acecho de alguna estrecha realidad,
aguardando avenidas y aguaceros sin rédito.

De la revolución de los claveles
solo queda el recuerdo;
en tanto en Barcelona, las aliviadas ramblas,
proclamando su doctrinaje al hachís,
exhibían inéditos los porros primigenios.

Pasaron dos veranos.
En ese tiempo, fenecía despacio
la occidental reserva vaticana,
daban sus coletazos últimos
la espiritual gerontocracia española.
¡¡Escarben en su esquela,
en la historia que admite las fotos de sus guerras,
en la camisa nueva bordada ayer de rojo!!.

A veces me subía en hombros clandestinos,
los cordones maderos me apretaban los pies:

"Disuélvanse callados, vacíen sus bolsillos,
alineen sus mentes y ajusten los relojes
con esta misma hora".


No existen credos sin color
ni fuego que no aguarde a los herejes.

¡Que revienten las tardes! gritaban las chicharras.

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©Alonso de Molina 2006. Historias de cualquier otoño. Fragmento
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En la madrugada del 25 de abril de 1974, la radio portuguesa emitía por primera vez una canción del compositor luso José “Zeka” Afonso, hasta entonces prohibida: Grandola, vila morena. Era la señal acordada por los militares del Movimiento de las Fuerzas Armadas para avanzar con las tropas hacia Lisboa dispuestos a derrocar la dictadura más larga de Europa, la del dictador Salazar. En plena primavera, la vendedora de flores de la Plaza del Comercio regaló a los soldados su cargamento de claveles rojos, bautizando de esta manera la revolución de Portugal que puso fin al régimen conservador, antidemocrático y represivo que persistía desde 1933.
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Viva la revolución de los claveles. Viva Celeste Caeiro
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 Dicen que un soldado le pidió un cigarrillo, pero Celeste Caeiro solo tenía claveles, y su gesto de entregar esta flor de temporada, dió nombre a la revolución que cambió Portugal que desde 1926 estaba bajo la dictadura militar, primero a las órdenes de António de Oliveira Salazar que mostraba abierta simpatía por los nazis y fascistas organizando la Legión Verde a semejanza de la División Azul de España, dictadura que prosiguió desde 1970 a las órdenes de Marcelo Caetano, continuista del regimen de Salazar que no estaba por facilitar la apertura política. Así el 25 de abril de 1974, a las 0:25, la radio emitió Grândola Vila Morena que era la señal para que los militares rebeldes iniciaran el levantamiento que dio lugar al derrocamiento de la dictadura en Portugal.
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25 abril Revolución de los claveles

Grândola, vila morena
 Terra da fraternidade
 O povo é quem mais ordena
 Dentro de ti, ó cidade

Dentro de ti, ó cidade
 O povo é quem mais ordena
 Terra da fraternidade
 Grândola, vila morena

Em cada esquina, um amigo
 Em cada rosto, igualdade
 Grândola, vila morena
 Terra da fraternidade

Terra da fraternidade
 Grândola, vila morena
 Em cada rosto, igualdade
 O povo é quem mais ordena

À sombra duma azinheira
 Que já não sabia a idade
 Jurei ter por companheira
 Grândola, a tua vontade

Grândola a tua vontade
 Jurei ter por companheira
 À sombra duma azinheira
 Que já não sabia a idade

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 Zeca Afonso - Grândola, Vila Morena
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