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jueves, 27 de noviembre de 2025

"El Cartero Llamó Dos Veces", Así lo Recuerdo. Por Yina Julio Estrada



“EL CARTERO LLAMÓ DOS VECES”, ASÍ LO RECUERDO.

A la memoria de Emery Barrios Badel (1953-2012).

Por Yina Julio Estrada

Me pasa que a veces, a causa de las enredaderas de la vida, olvido que las personas más amadas también son mortales. Para mí Emery fue un hombre intacto en el tiempo, con un corazón y una personalidad que no se detenían. Me regalaba siempre algunos minutos para saludarme, para preguntar en qué andaba. Yo nunca tuve que acercarme, ni buscarlo. El aparecía con frecuencia en cualquier rincón del Centro Histórico y yo imaginaba que había un Emery por todos lados de la ciudad por si alguien necesitaba contagiarse de alegría, de mucha calma y de buenas ideas.

Parecía además tener un detector en su mirada. Un buscapersonas que activaba inclinando un poco su cabeza para mirar mejor por encima de sus gafas. Yo, una vez detectada, ya no podía escapar y nunca quise hacerlo, pues no había nada más agradable que escucharlo hablar de muchos temas en un mismo instante. El día que me dijo: « Tengo en mi casa una colección de discos de salsa de todos los tiempos »,quise contarle que yo también era una amante de la « salsa viejita », gracias a una enigmática influencia paterna, y que siempre me ha parecido un excelente tema de investigación, porque garantiza cero asomos de aburrimiento durante el trabajo de campo. Ese, como casi todos los días que lo veía, preferí anularme y callar, pues era siempre mejor dejar que él hablara, hablara y hablara.

Es aún inolvidable aquel Festival Internacional de Cine de Cartagena de 2002. La primera impresión que me llevé de Emery fue la de un conversador que cambiaba de tema tal como una aguja sobre un disco de vinilo pasa a la siguiente canción. Sabía mucho de todo, especialmente de cine y de música, quizás de ahí su sensibilidad excesivamente humana.

En aquella versión del festival teníamos como vecinos a Jorge García Usta y a John Jairo Junieles, y cuando Emery salía de aquel salón del Hotel Caribe para hacer alguna de sus tantas diligencias, yo me dedicaba a husmear lo que se hacía en sala de prensa, porque quería saber más sobre el trabajo de aquel García Usta que me llamaba «la monjita del festival», porque nunca me vio en las fiestas que se hacían después de las jornadas de trabajo.
Yo era apoyo de Emery Barrios y de Lorena Puerta, una mujer que al principio me pareció demasiado seria y fría. No cruzó muchas palabras conmigo pero al final de esta versión del festival, me sorprendió con el abrazo de despedida más duradero y fuerte que mis huesos han recibido. Cuando pienso en ella, me convenzo de que algunas

personas no necesitan hablar para demostrar cariño, pero Emery no perteneció a esta categoría: era un hablador incansable de esos que nunca aburren, de los muy pocos que te hablan con el corazón.
Debió tener siempre muy buenas baterías para que su cuerpo siguiera ese ritmo de andar la ciudad. Baterías que esta vez fallaron y que ahora me impiden contarle en mi próximo regreso a Cartagena que lo recuerdo cada vez que escucho aquella salsa de la que sólo me sé la parte que él repetía, como cuando a uno se le pega una canción: “El cartero llamó dos veces”, y para decirle también que recuerdo sus profecías acerca de mi futuro y su estilo original de estampar un beso en mi mejilla demostrando siempre su respeto, ternura y transparencia.
Confieso que, en medio de las enredaderas de la vida, será difícil resignarme a la idea de que ese amigo de naturaleza humana intacta, ya no me sorprenderá en algún rincón del Centro Histórico. Creo que ahora seré yo quien va querer andar la ciudad para buscarlo.

***
Yina Julio Estrada  ( 1983 Cartagena de Indias, Colombia).  Su carrera como Tecnóloga en Traducción y Turismo, la llevó a confirmar su atracción por el encanto que tienen los idiomas. Por su parte, pero nada lejos del universo del lenguaje, su formación como comunicadora social la animó a interesarse aún más por las crónicas, los cuentos y la poesía. Actualmente se desempeña como docente universitaria en su ciudad natal. 

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La Cotidianidad de lo Fantástico: José Baroja y la Brutal Ternura del Cuento Breve. Por Agatha Mendes


LA COTIDIANIDAD DE LO FANTÁSTICO: JOSÉ BAROJA Y LA BRUTAL TERNURA DEL CUENTO BREVE
Por Agatha Mendes. Periodista.

“La vida no es como la cuentan, pero a veces se parece mucho.”

Hay libros que no se anuncian, que no hacen aspavientos, pero que desde el primer párrafo nos empujan a una frontera inestable entre la risa y el estremecimiento. Un hijo de perra y otros cuentos (2017) del chileno José Baroja es uno de esos libros. En él, lo insólito se cuela por las rendijas del hábito, y la muerte —esa figura cansada que dobla esquinas sin apuro— encuentra el modo de ser entrañable, incluso vulgar, sin perder nunca su filo.

Publicado en Concepción y actualmente disponible de forma gratuita en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, este volumen de cuentos breve e incisivo parece recordarnos que el cuento no necesita adornos para ser punzante, ni complejidades para tocar lo real. Baroja, heredero indirecto de la tradición de D’Halmar y Pedro Lemebel, pero también de Borges, Monterroso y Carver, escoge la concisión como ética estética.

Desde el relato que da título al libro, Un hijo de perra, hasta piezas como A las tres de la mañana, Melancólico relato sobre una rosa o Historia de un hombre que amó, se percibe una estrategia narrativa que no apunta a la sorpresa por sí misma, sino a la revelación de un mundo donde lo extraordinario no contradice lo banal. Hay en Baroja una voluntad de derrumbar la jerarquía entre lo fantástico y lo cotidiano: en sus historias, la muerte trabaja como un oficinista más; los fantasmas tocan el timbre con insistencia; los ancianos no mueren, se despiden lentamente entre recuerdos.

El recurso más poderoso de Baroja es, quizá, la ironía con la que describe lo irremediable. Lo hace sin cinismo, pero también sin sentimentalismo. El cuento A la vuelta de la esquina, por ejemplo, juega con el suspenso y lo resuelve con una simple anotación burocrática de la Parca, personaje fatigado, casi gris, que ejecuta su trabajo con desgano. Este tratamiento desdramatizado de la muerte —que no por eso la vuelve menos siniestra— recuerda ciertas viñetas de La increíble y triste historia de la cándida
Eréndira... de García Márquez o los monólogos periféricos de Bolaño.

La escritura de José Baroja rehúye de los excesos de autorreferencia que contaminan buena parte de la narrativa latinoamericana reciente. En vez de centrarse en la construcción del yo, Baroja se sitúa en los márgenes: narra a través de voces que observan más que declaran, personajes desbordados por su propia fragilidad. El cuento Melancólico relato sobre una rosa encontrada en el jardín de la universidad podría ser leído como una pieza auto ficcional, pero se resiste a la confesión. El personaje —profesor, poeta, académico triste— se diluye en una pequeña rosa, en una escena mínima, como si sólo a través de la pérdida del yo pudiera restituirse el lenguaje poético.

En un mundo literario saturado de auto ficciones, de novelas-río, de libros de no-ficción que disfrazan el ensayo de crónica o la crónica de novela, Un hijo de perra y otros cuentos representa una forma de resistencia: la del cuento puro, ese que no teme ser anecdótico si lo anecdótico contiene una verdad. No hay aquí aspiraciones grandilocuentes, ni tesis ocultas. Baroja narra porque recuerda, porque el cuento, como diría Benjamín, sigue siendo un consejo, una advertencia, una forma de pasar la experiencia de mano en mano, de boca en boca.

La apuesta de Baroja es arriesgada: hacer literatura con lo menor. Pero lo menor, en sus manos, es inmenso. No hay herejía en afirmar que estamos ante un narrador que, desde su esquina, dialoga de tú a tú con grandes cuentistas latinoamericanos. Y que lo hace sin alardes, con el mismo gesto sereno con que sus personajes saludan a la muerte, le dan pan al recuerdo o simplemente se sientan a esperar, con una copa de vino y dos copas vacías, que alguien les devuelva lo amado.


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sábado, 1 de noviembre de 2025

Miraban al mar, sereno a estas horas, con sus ojos ajenos al mundo (Ars amatoria). Por Alonso de Molina


Acerca de Ovidio El arte de amar. La obra está dividida en tres libros: Libros I y II: Dirigidos a hombres, con consejos sobre cómo conquistar y mantener el amor de una mujer. Libro III: Dirigido a mujeres, donde Ovidio se dirige directamente a ellas para ofrecer sus propios consejos de seducción y comportamiento amoroso.


Nadie reía. Miraban al mar, sereno a estas horas, con sus ojos ajenos al mundo.


Se diluyen guijarros en la arena, tanto gris hacen al cielo más azul y el agua de lluvia crea espejos en las baldosas del suelo allá donde escampa Buda este chubasco que si acaso durará media mañana, justo para asomarme el mar y observar en calma el encuentro de aguas, como un mestizaje de adjetivos en su arquitectura que desde estos ojos azules contemplo estoico y a la vez conmovido y asombrado como un niño que mira y escucha al infinito en el rumor del agua.

 

 

Estrella erizo polvo mar 

 

Cuento nubes, por no decir batallas. El cielo sigue gris ya no es agosto ni septiembre y octubre languidece presintiendo su cercano letargo. No cuentan los guijarros en esta arena, tanto gris hacen al cielo más azul. Pero no veo belleza que exista en cada cosa. Apenas los contrastes ayudan a esta música sobrada en desacordes, son pasajeros de un incómodo viaje cuyo final se siente cerca, pero no acaba de llegar. 
-Así y todo, yo te estaba esperando en el mar y en las tardes, en surcos y caminos, en letras pronunciadas en flores y almohadas... 

Es muy cruda e intensa esta latente sensación de estar en un viaje que parece no acabar. Esta cruda incertidumbre solo se soporta y no aporta cielo con estrellas y no aporta risa ni buen ánimo, solo inquietud a esta experiencia de vivir.

 

En las relaciones de pareja lo más sencillo es echar la culpa al otro. Es muy fácil señalar con el dedo cuando surgen problemas. Sin embargo, construir una relación sólida requiere auto-reflexión y comunicación abierta. A veces, reconocer nuestras propias fallas puede ser el primer paso hacia la solución. 

 

No obstante, qué es eso de el arte de amar?

Amar no es solo un sentimiento, dicen que es también una habilidad que se puede desarrollar y a tal efecto existen algunos tratados que nos pueden ofrecer alguna orientación, alguna sugerencia, como El Arte de amar, del poeta Ovidio.

Se trata de un poema didáctico escrito en el siglo I d.C. En esta obra, su autor, Ovidio, ofrece consejos sobre cómo conquistar y mantener el amor. Se presenta de manera ingeniosa y divertida, combinando elementos de la elegancia literaria con un enfoque práctico sobre las relaciones amorosas.

El poema se divide en tres libros: el primero se centra en la conquista de una pareja, el segundo en cómo mantener la relación y el tercero aborda la seducción de mujeres. Ovidio utiliza un tono ligero y a menudo humorístico, lo que lo convierte en una lectura amena. Además, refleja las costumbres y actitudes hacia el amor en la antigua Roma.

Es un texto que ha perdurado a lo largo del tiempo y sigue siendo relevante para quienes buscan entender los matices del amor y las relaciones.  

Resumen de los tres libros de "El arte de amar" de Ovidio:

1. Primer libro: Este libro se centra en la conquista. Ovidio ofrece consejos sobre cómo atraer a una pareja. Habla sobre la importancia de la apariencia, el comportamiento y el ambiente. Sugiere estrategias para acercarse a la persona deseada, como observar sus gustos y hacer uso del ingenio y el humor para romper el hielo.

2. Segundo libro: En esta parte, Ovidio se enfoca en cómo mantener el amor una vez conquistado. Da consejos sobre la importancia de ser atento y cariñoso, así como evitar los celos y la rutina. Aconseja ser ingenioso en mantener la chispa viva y sugiere que la comunicación abierta es clave para una relación duradera.

3. Tercer libro: Este libro trata sobre la seducción de mujeres. Ovidio ofrece tácticas específicas para obtener el favor femenino, enfatizando la importancia de la astucia y el encanto. También aborda cómo manejar las relaciones con mujeres que son más difíciles de conquistar, sugiriendo que cada mujer tiene sus propias peculiaridades que hay que entender.

Podríamos coincidir en afirmar que, de manera general, "El arte de amar" es una mezcla de consejos consejos a uno mismo y reflexiones sobre las dinámicas del amor en propia piel, todo presentado con un estilo atractivo y entretenido.  

No obstante, ¿para quién escribió Ovidio El arte de amar?

La obra está dividida en tres libros:

 

  • Libros I y II: Dirigidos a hombres, con consejos sobre cómo conquistar y mantener el amor de una mujer.
  • Libro III: Dirigido a mujeres, donde Ovidio se dirige directamente a ellas para ofrecer sus propios consejos de seducción y comportamiento amoroso.

Así que sí, también hay una parte dedicada a las mujeres, aunque llegó después. Ovidio mismo lo presenta como una especie de “compensación” o “equilibrio” frente a los dos primeros libros. Pero claro, hay que leerlo con los ojos del siglo I d.C., donde los roles de género estaban muy marcados.

¿Pero, qué es lo que dice Ovidio a las mujeres?

Algunos de sus consejos para ellas incluyen:

 

  • Cuidar la apariencia, pero sin que se note el esfuerzo: “El arte que se oculta es el mejor arte”.
  • Ser cultas y saber conversar: Ovidio elogia a las mujeres que pueden hablar de poesía, música o filosofía.
  • No mostrarse demasiado disponibles: Recomienda cierta reserva, incluso fingida, para mantener el interés del amante.
  • Usar la escritura como arma de seducción: Las cartas de amor eran un medio poderoso.

 

Eso sí, aunque Ovidio da voz a las mujeres, lo hace desde una perspectiva masculina y con un tono juguetón, a veces condescendiente. No es un tratado feminista, claro está, pero sí es interesante cómo les reconoce agencia y deseo, algo poco común en su época. 

¿Y hoy, qué tenemos hoy?

Hoy podemos leer El arte de amar como un espejo de su tiempo, pero también como una invitación a reflexionar sobre cómo han cambiado (o no tanto) las dinámicas del amor, el deseo y el juego de la seducción. Y por qué no, también como una fuente de inspiración para reescribir esas reglas desde otras voces… pero, no obstante, ¿podríamos imagináramos un Arte de amar contemporáneo, escrito desde otra mirada?

 

 El arte de amar (versión siglo XXI)

Manual para amantes sensibles, audaces y conscientes

I. Dónde buscar el amor

No lo busques en vitrinas ni algoritmos, sino en miradas que se demoran, en cafés donde la risa se derrama, en causas compartidas, o en silencios que no incomodan.

No subestimes los espacios cotidianos: la cola del pan, el taller de escritura, el grupo de voluntariado.

Las apps no son enemigas: pero desliza con criterio, no con hambre.

II. Cómo conquistar sin colonizar

Seducir no es invadir, es invitar con respeto, es ofrecer sin exigir, es preguntar sin poseer.

  • Escucha más de lo que hablas: el deseo nace en la atención.
  • No prometas eternidades: ofrece presencia.
  • Sé claro con tus intenciones: el juego limpio también enamora.

III. Cómo cuidar el amor sin asfixiarlo

El amor no se guarda en vitrinas, se cultiva como huerto compartido. Hay días de sol, y otros de poda.

 

  • Celebra la diferencia: no todo lo que te incomoda es amenaza.
  • No confundas rutina con ruina: a veces el amor florece en lo simple.
  • Respeta los tiempos del otro: incluso cuando no coinciden con los tuyos.

IV. Para quienes aman desde cualquier cuerpo

No hay género en el deseo, ni fórmula en el afecto. Ama como puedas, pero que sea con cuidado.

 

  • No hay reglas universales: cada vínculo se escribe a mano.
  • La ternura no es debilidad: es revolución íntima.
  • El consentimiento es sexy: y no negociable.

 

 

 

 “No esperes que el cielo te la envíe en las alas de Céfiro;

esa dicha has de buscarla con tus propios ojos.”

 — Ovidio*, Ars amatoria

 

 
*Nacimiento20 de marzo de 43 a. C. 
No dejes de asistir a mi próxima conferencia sobre este apasionante tema
 
Gracias por leer y dejar un comentario en mis libros. Amazon y Google Play Libros
Alonso de Molina
(Almería. España.)

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martes, 28 de octubre de 2025

Ars Poética. Por Alonso de Molina


Alonso de Molina. Ars Poética
“Estamos frente al mar, y como la poesía, el mar no se deja encerrar en una sola forma, pero nunca deja de ser mar”.


Resumen de mi intervención
VI FORO INTERNACIONAL DE PENSAMIENTO Y CULTURA
Garrucha (Almería) 3 y 4 octubre 2025


 
Ars Poética
Para empezar el día me gustan los lugares que huelen a café, la pasión de escribir en cualquier servilleta, recorrer el papel, letrear cualquier vuelo hasta llegar al trigo, volarme en la madera del color esperanza, sentir que a veces tiemblo perdido en la memoria, detenerme un instante al calor del silencio, recordar si he besado o besos he robado; me gustan los finales que prometen regreso, un shssss shssss no te vayas, acercarme a la roca, disolver su mirada; los pedazos de tierra; el riesgo de leer poema en carne y hueso, la ternura global de la tierra labrada o ser superviviente del paraíso encontrado; escribir los segmentos que conforman el verso, decrecer en poesía, desnutrirnos de sueños. 
 
Me gusta oler la hierba, curarme las heridas, taponar hemorragias del borde de la tierra, recorrer los senderos, adentrarme en la mina, en la herida nativa que oculta la maleza, sondear los atajos, ahondarme en canciones que se elevan del barro, liberarme del mundo y adentrado en la noche sentir que sé bailar, que sé bailar un beso; que me endemonia el alma esta semilla ciega descorrida del viento, está cantata terca que me acecha sin tregua.
 
Para quienes no me conozcan que seréis la mayoría, acerca de mí, os cuento que me gustan los días y las tardes, me gusta la primavera y la luna en todas sus fases, me gustan los espejos limpios, las noches cálidas, me gustan las sonrisas y las caras amables y a veces me gusta mirar al infinitito y tratar de encontrarme en él como en mi propia casa, en realidad me gusta todo, aunque a veces no suelo conformarme con nada.
 
Nada sé de poemas y menos de poesía. De los cuatro elementos, voy a elegir el quinto. Pero no voy a leer poemas. Voy a decir montaña, nube, pájaro. Voy a respirar madera, fuego, sándalo. Divagaré invisible en las ubres del aire para beber la sal, el agua, el viento, y así será la patria que me preste la lluvia con un beso de tierra que separe del éter la paja y la canela… …y se libere la mente, que derive sin rumbo, sin el común sentido de las cosas. 
 
El poema es más poesía cuando es capaz de construir una visión del mundo acorde a una determinada manera de ser, pensar, sentir. Una poesía introspectiva, filosófica, simbolista, como llave que abre otros mundos. No obstante, escribo para mi propia vanidad. Soy como un ojo pegado a mi conciencia, para resguardarme del soliloquio que prevalece en mí, y escribo también para los despistados que opten por leerme.
 
Ya lo se sabemos, el poeta es como una larva mirando a ninguna parte, pero buscando, constantemente, echar raíces en el infinito; incluso los poetas de menor pelaje, andamos líberos por las letras, estamos vacunados contra tanto manual, tanta cátedra y tanto análisis, las referencias nos paralizan, nos acortan las alas. Sí, Huidobro, el poeta es un pequeño dios, conjura emociones, teje universos, crea mundos y los destruye. El poeta es un artesano de la realidad del día a día, un constructor de sueños donde todo su poder reside en la palabra.
 
No obstante, estoy convencido de que -como ya alguien ha dicho- se puede ser poeta sin escribir un solo verso y ser un gran versificador sin escribir un solo poema.
 
 
¿No obstante, todo vale en poesía?
 
Efectivamente, nos estamos acomodo dando al "todo vale en poesía", que es como decir todo que vale para construir un edificio, todo vale para pintar un cuadro, todo vale para componer música... 
 
---Mi desconcierto tiene filo, y es fácil de entender. Esa idea de que “todo vale” en poesía puede sonar liberadora, pero también puede diluir el oficio, la intención, el pulso que distingue lo auténtico de lo arbitrario. 
 
No todo vale para levantar un edificio: hay cálculos, proporciones, materiales que deben dialogar. Lo mismo con la música, la poesía o la pintura—hay una gramática, aunque sea insurgente.
 
En poesía, esa gramática puede ser el ritmo interno, la tensión entre imagen y silencio, la coherencia simbólica. El problema no es la ruptura de reglas, sino la ausencia de conciencia. Cuando el poema se convierte en mero gesto, en ocurrencia sin raíz, se pierde la posibilidad de resonancia. 
 
Sí, yo mismo he trabajado con la voz de Arias y el legado tzántzico, sé que la poesía puede ser irreverente sin ser irresponsable. Puede romper sin deshacerse. Puede ser libre sin ser ligera.
 
“todo vale” ¿y por qué no todo construye?”
 
“Como en la maquetación de un libro, cada margen, cada silencio, cada quiebre tiene peso. La forma no es adorno, es estructura simbólica”.
 
“Estamos frente al mar, y como la poesía, el mar no se deja encerrar en una sola forma, pero nunca deja de ser mar”.
 
 
Gracias por su atención.


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miércoles, 1 de octubre de 2025

La paz como forma de sentir, pensar y leer. Alonso de Molina


En De Sur a Sur Poesía y Artes Literarias, artículo respecto al escenario actual del Premio Nobel 2025. "La paz como forma de sentir, pensar y leer" La palabra “paz” ya no es un concepto fijo. Hoy es un campo de tensiones, contradicciones y posibilidades éticas. Vivimos en un mundo atravesado por guerras visibles… y por violencias más sutiles: económicas, ecológicas, simbólicas.



Personalmente la paz siempre me ha llevado a la acción a través de la palabra, a través de la poesía. He promovido varias antologías poéticas en este sentido, entre otras:

-Instrumentos de Paz

-Camino de Armonía

-Día Internacional de la palabra

 

La paz en el escenario actual


La concesión del Premio Nobel de la Paz 2025 a María Corina Machado ha provocado, en contra previsión del presidente de EEUU Donald Trump un eco internacional intenso.


No solo por su peso político, sino también por su carga simbólica y narrativa.


El Comité Noruego justificó su decisión destacando su “incansable labor en la promoción de los derechos democráticos del pueblo venezolano y su lucha por lograr una transición justa y pacífica de la dictadura a la democracia”.


Desde una perspectiva histórica y literaria, este galardón se puede leer como una apuesta por la resistencia civil, por la palabra sostenida en medio del miedo.


Su reacción fue breve, y profundamente humana:


“Estoy en shock… esto es un logro para toda la sociedad, yo solo soy una persona”.


Esa frase resuena más allá de la política.


Habla de una paz compartida, construida entre muchos.


No faltaron críticas, claro. Algunos cuestionaron si el Nobel priorizó la política sobre la paz.


Pero incluso ese debate es valioso: nos obliga a preguntarnos qué significa hoy “la paz” y quiénes la encarnan.

 


Redefinir la paz


La palabra “paz” ya no es un concepto fijo.


Hoy es un campo de tensiones, contradicciones y posibilidades éticas.


Vivimos en un mundo atravesado por guerras visibles… y por violencias más sutiles: económicas, ecológicas, simbólicas.


Por eso la paz no puede reducirse a la ausencia de conflicto.


Debemos repensarla como una práctica activa, situada… incluso poética.


Podemos mirarla desde tres ángulos:



1.     Paz como justicia estructural


Ya no basta con tratados o discursos.


La paz exige desmontar sistemas de opresión: racismo, extractivismo[1], patriarcado, colonialismo.


También exige combatir la desinformación y el odio, incluso en el mundo digital.



2.     Paz como proceso, no como estado


No existe una sola paz.


Cada comunidad, cada territorio, la construye a su manera.


La paz no es un acto único: es una constancia viva.



3.     Paz como diálogo radical


Juan Manuel Santos decía: “El arma más poderosa es sentarse a dialogar”.


Pero ese diálogo implica reconocer heridas, asumir responsabilidades y abrirse a la escucha.


No es cómodo. Pero es transformador.



Quiénes encarnan hoy la paz?



En este mapa nuevo, la paz tiene muchos rostros:



•Líderes disidentes y no convencionales, como Machado, Malala o Greta Thunberg.


Ellas representan una paz que incomoda, que desafía estructuras de poder.


No pacifican: interpelan.



•Comunidades invisibilizadas: pueblos indígenas, defensoras del agua, madres buscadoras, periodistas de frontera.


Ellas practican una paz cotidiana, silenciosa, sostenida con el cuerpo.



•Jóvenes y educadores.


Porque sembrar una cultura de paz no es adoctrinar: es enseñar a disentir sin destruir, a convivir con la diferencia.



La paz como práctica crítica y poética, Gandhi lo dijo con meridiana claridad:


“No hay caminos para la paz, la paz es el camino.”


No es una meta futura, sino una forma de estar en el mundo ahora.


Nos invita a encarnar la coherencia entre medios y fines, a no postergar la justicia ni condicionar la ternura.


Hoy, cuando tantas luchas se libran “en nombre de la paz” pero con métodos excluyentes o violentos, esta idea cobra fuerza.


Nos recuerda que no basta con desearla: hay que practicarla en cada gesto, en cada palabra… incluso en cada lectura.



Propongo tres dimensiones para pensar esta práctica desde la lectura y la crítica:


Sentir en paz — la crítica como cuidado


Leer un poema no es diseccionarlo. Es acercarse con respeto, como quien escucha algo frágil.


Gloria Fuertes lo expresó así:


“Mi partido es la Paz. Yo soy su líder. No pido votos, pido botas para los descalzos —que todavía hay muchos—”.


La crítica ética puede ser esas botas: protección, acompañamiento, sostén.



Pensar en paz — la filosofía del riesgo


Pensar en paz no es evitar el conflicto, sino asumirlo con honestidad.


Miguel Hernández escribió:


“Tristes guerras / si no es amor la empresa. / Tristes, tristes.”


Nombrar sin herir. Disentir sin aplastar.


Eso también es paz.



Leer en paz — la comunidad como horizonte


Leer en paz es leer con otros, abrir el texto a la multiplicidad de miradas. Rafael Alberti lo intuyó al enumerar:


“Paz para el aire, paz para el viento,


paz para el agua, paz para el fuego”.


La lectura compartida es atmósfera: un espacio donde las palabras respiran.


Incluso poemas íntimos, como el “Ya no” de Idea Vilariño, muestran que la paz también puede habitar el duelo, el silencio, la aceptación:


No me abrazarás nunca


como esa noche nunca.


Y un proverbio africano lo resume con sabiduría circular:


Cuando hay paz en el hogar, hay paz en la comunidad.


Cuando hay paz en la comunidad, hay paz en la nación.


Cuando hay paz en la nación, hay paz en el mundo.”


La crítica, como la paz, empieza en casa.


Y, cómo no, en la propia naturaleza:
Lo que es bueno para el panal es bueno para la abeja, lo que es bueno para la abeja es bueno para el panal.


Invitación abierta


Este texto no busca tener la última palabra,


pretende abrir palabras.


Si alguna vez un poema te habló en voz baja,

si alguna vez una lectura te cuidó en lugar de juzgarte,
entonces esta reflexión también es para ti.



La paz como forma de sentir, pensar y leer…

empieza aquí, en este gesto íntimo

de escuchar con atención,

de cuidar la palabra…

y dejarse cuidar por ella.



Namasté

 



[1] ESTRACTIVISMO es el modelo económico basado en la explotación intensiva y a gran escala de recursos naturales, como minerales, petróleo, productos agrícolas o forestales. Este modelo se caracteriza por la exportación de las materias primas con un procesamiento mínimo, lo que a menudo genera "economías de enclave" y poca diversificación económica, además de graves conflictos socioambientales y violaciones de derechos humanos.

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Foto: Carlos Díaz, vía Wikimedia Commons. Licencia CC BY 2.0.

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