lunes, 20 de marzo de 2017

Entrevista al poeta cubano José Félix León por Lázara Ávila



Me apasiona escribir, pero también me aterroriza y despierta todas las inseguridades que hay en mí

José Félix León escritor y poeta cubano
"Nada de que retractarse"
Por Lázara Ávila Fernández

Con el escritor y poeta cubano José Félix León conversamos. Él es graduado en Filología. Ha impartido cursos en universidades dentro y fuera de Cuba. Ha sido multilaureado en su país de origen. Sus poemas y cuentos han aparecido en diversas antologías dentro y fuera de la isla. Actualmente reside en Barcelona.

-“Demencia del hijo”, “Donde espera la trampa que un día pisó el ciervo”, “Correos/ Bosques intermedios” y “Patio interior con bosque” son algunos de los títulos publicados en Cuba que dejan entrever a un escritor joven, pero, muy prolífero.

¿Cómo surge tu pasión por la escritura y en especial por la poesía, aunque sabemos que también has incursionado en la prosa?

Siempre me gustó leer. De niño leía sin parar, en casa había un despacho con una estantería de libros normales -el resto eran tomos de Derecho- y allí encontré y leí a Kipling, a Mark Twain, a Chéjov, eran casi todos libros publicados por la editorial Arte y Literatura, mi abuelo los coleccionaba. Recuerdo que cuando me preguntaba qué sería de mayor siempre pensaba: escritor. Era un niño ingenuo. Luego empecé a leer poesía, también de niño -la lectura de poesía es un acto sectario-  conocí los grandes poetas cubanos y aumentó mi curiosidad. Si quieres escribir poesía debes leerlo todo para luego aprender a olvidarlo, lo otro es tenerla en ti. Cuando empecé a escribir poesía tuve suerte, organicé un cuaderno y lo envié a un concurso literario, era la única manera de publicar: gané aquel concurso y el libro lo publicaron en mi ciudad, Pinar del Río. Yo estudiaba Física y decidí cambiar de carrera y estudiar Filología, quería organizar y sistematizar todas aquellas lecturas porque suponía que eso me ayudaría en mi objetivo, que era escribir. Lo cierto es que luego, ya en la Facultad, en las clases de griego clásico, al interactuar con los textos de los poetas griegos arcaicos en su lengua original me sentí aterrado, poner a disposición del lector un texto poético es un acto estremecedor, si no es cien por ciento auténtico no será de calidad. Los griegos tenían un término, entusiasmós, que representa el acto de la creación poética durante el cual el escritor es poseído por la divinidad. Los primeros poemas líricos de occidente, la poesía griega arcaica, son perfectos. Si tenemos algo que decir, debe partir de este conocimiento, no será nuevo y seguramente tampoco será trascendente. Me apasiona escribir, pero también me aterroriza y despierta todas las inseguridades que hay en mí. Pero, aun así, sobre todo con los poemas, a veces es inevitable, al menos en mi experiencia.

-¿Cómo es, en tu caso, el proceso de creación?
Me preguntas algo muy delicado y de lo que no tengo la más mínima idea, no pienso en ello nunca. Supongo que te refieres a la construcción de un texto. Pues mira, en mi caso, si es un texto poético, se construye a sí mismo, no pienso nunca de antemano en la estructura de un poema. Generalmente escribo todo lo que me viene y luego corrijo. Escribir en prosa es totalmente distinto. Siempre recuerdo a Hemingway, leí en algún sitio que escribía de pie, en la mañana y paraba justo cuando aún tenía algo que decir, así garantizaba la continuidad de ese estado a la mañana siguiente; eso y otros datos como que escribía de pie con una máquina de escribir, en fin. Los cuentos de Hemingway son perfectos y una estructura subyace bajo todo, pero creo que la inspiración es lo mejor que hay en ellos, eso no compagina con la idea de alguien que escribe a la misma hora y en la misma posición cada día, como si se tratara de defecar. Cuando escribo ficción generalmente sé a dónde debo llegar, hago un esquema y luego elijo la manera en que debo contar. Es un proceso diferente al de la escritura poética pero totalmente desorganizado. Tomo notas todo el tiempo, notas que luego inserto en los textos y entro en un caos que contamina todo lo que me rodea, soy un desastre.

-En 1994 recibes el Premio Hermanos Loynaz de poesía y a este le suceden otros galardones como el Premio Calendario de Poesía 1996 y el Premio de Cuento de la revista La Gaceta de Cuba 1999 por solo mencionar algunos ¿Qué significado han tenido estos resultados para ti en lo personal y como escritor?
Los premios literarios, cuando eres joven, más que ayudar deforman. El problema es que, en Cuba, en esa época -y siendo yo una persona totalmente ajena al mundo literario- la única manera de dar a conocer tus poemas era ganando un concurso. Yo tuve suerte, escribí libros que ganaron algunos premios y fueron publicados. Esa era la satisfacción, poder publicar y saber que alguien, en la librería de algún pueblo como La Palma o Viñales, o en el otro extremo del país, iba a leer tus poemas. La creación literaria es un acto demasiado personal, mi experiencia con escritores no ha sido buena, creo que no es algo que se pueda compartir o siquiera teorizar sobre ello. De cualquier manera, recibir un premio literario es raro, acabas preguntándote por qué te lo han dado a ti y no a otro.

-De tu libro de poemas Palinodia, en el blog “La primera palabra” se ha dicho: “Nada de que retractarse, tiende uno a pensar al leer este cuaderno de versos” ¿A qué atribuyes este juicio?
La Palinodia es un canto de retractación. Cuando publiqué esos poemas, en 2008, ya llevaba años viviendo fuera de Cuba, en Europa. Cuando eres alguien nacido después de la revolución, en algún momento eres consciente del tipo de educación que has recibido; cuando escribí la mayoría de esos textos vivía en el terror de descubrir a diario que la mayoría de mis pensamientos, opiniones y juicios estaban mediatizados por el hecho de ser el producto de una educación absolutamente adoctrinada. Supongo que es lo mismo que debe sentir alguien a quien su familia ha educado en una institución religiosa estricta y sin contacto con el exterior y un día es libre y se da cuenta de que se puede vivir fuera de la idea de Dios, de que existe la ciencia y de que la religión es sólo una manera de interpretar el mundo. La idea era retractarme de lo que había dicho hasta entonces, del discurso lírico que había querido hilvanar con mis poemas. En la Palinodia de Stesícoro, el poeta recuenta el mito de Helena de Troya modificándolo. Mi libro de poemas es un canto de retractación a mí mismo, un intento de modificar la idea que tenía de lo poético, algo demasiado serio pero que tenía que intentar decir. Heriberto Hernández, un poeta hermosísimo, escribió las palabras que citas, y es un elogio muy grande, viniendo de él, decir que no hay nada de qué retractarse al leer mis poemas.

-¿Algún libro en producción?
 Ahora mismo estoy acabando un proyecto en el que llevo años. Es un relato largo, o una novela corta, una historia sin género, a veces poesía, a veces periodismo o guion audiovisual, todo unificado por el tono lírico, no sé. Trabajo mucho, incluso cuando estoy en los empleos con los que me gano la vida, en general incómodos e intrascendentes, escribo en mi mente y en diminutos posits.  La literatura me desconcierta cada día, últimamente he leído autores increíbles y muy jóvenes, algunos exquisitos, como Max Porter o Andrea Bernal, y entonces pienso que aún no he escrito nada, aún queda todo por hacer.



Los poemas y cuentos escritos por José Félix León han aparecido en   diversas antologías dentro y fuera de Cuba, algunas de ellas son: “Los nuevos caníbales, antología de cuento del Caribe Hispano”. Ed. UNION, La Habana, 2000, “Mar remoto” (Antología de poesía recopilada por Aurora Luque). Ed Diputación de Málaga, 2000 y “Poemas cubanos del siglo XX” (Recopilación de Manuel Díaz Martínez). Ed. Iperión, Madrid, 2003. También está Mañana hablarán de nosotros.

Por Lázara Ávila Fernández

Microrelato. El círculo rojo. Laura C.



Recuerdo seis palabras de aquella fatídica noche: 'Dame la guita o sos boleta'

El frío metal sobre mi sien activó el bombeo de mi sangre y mi mente recorrió cuarenta y nueve años en segundos.

Mi único capital era mi vida, apenas llevaba treinta y siete pesos en el bolsillo.
Fueron ocho minutos de incertidumbre hasta que accionó el gatillo.

Seis… cuarenta y nueve… treinta y siete… ocho = cien, número que la vidente había marcado con un círculo rojo.

Y ese círculo me sigue acompañando mentalmente en esta celda, desde que desvié el arma hacia él antes de que disparara.





© Laura C.

Poesía. El lenguaje dice. Amir Or




El lenguaje dice: detrás del lenguaje
se encuentra un lenguaje. El lenguaje son rastros manchados
que andan por allí.

El lenguaje dice: escucha ahora.
Tú escuchas: aquí hubo eco.
Toma al silencio e intenta estar en silencio.
Toma las palabras e intenta hablar:
más allá de lenguaje el lenguaje es una herida
de la que el mundo mana y mana.
El lenguaje dice: es, no es, es,
no es. El lenguaje dice: yo.
El lenguaje dice: vamos, quiero hablarte,
déjame palparte; vamos,
di que lo has dicho.
-
Amir Or (Tel Aviv, 1956) Poeta, ensayista y profesor universitario. Autor de nueve libros de poesía. Entre ellos:  Poema y día, El museo del tiempo, Las placas del museo del tiempo; y La bestia del corazón. Sus poemas han sido traducidos a más de cuarenta lenguas. También fundó la Escuela de Poesía Hebreo-Arábica. Director artístico del Festival Internacional de Poesía Sha'ar de Tel Aviv. Se desempeña como coordinador nacional de Poets for Peace.

 

sábado, 18 de marzo de 2017

Microrelato. Puntillosos. Laura C.




(Dos textos de 60 y 40 palabras respectivamente)

-1-

Se hallaba tendida en la cama y atenta a sus movimientos.

Sobre la cómoda cada elemento relucía, él era meticuloso en todo.
Ella intuía lo que iba a acontecer.

Estando atada y amordazada dirigió una mirada de súplica a quien  -con precisión de cirujano- procedería a descuartizarla, luego de una minuciosa desinfección de las zonas de incisión con povidona yodada.



-2-

Su final estaba próximo y él decidió adelantarlo, así que comenzó a redactar su carta de despedida.

Al llegar al último párrafo le surgió una duda ortográfica, entonces recurrió a un diccionario para ver la forma correcta de escribir suicidio.


© Laura C.

Reseña. Son Aymara. Poemario de Alfonso Berlanga



¡Obrajes, Calacoto, Cota Cota! / ¡Miraflores, Irpavi, Archumani!
Son Aymara. Poemario de Alfonso Berlanga

Pues sí, ya sé que las 16:10 no son horas de desayunar, pero la culpa de mi insomnio la tiene Alfonso Berlanga. Anoche no pude conciliar el sueño hasta pasadas las 04:00, tenía en mis manos su libro SON AYMARA que desde el miércoles, en la presentación del mismo, ya me estaba haciendo guiños. Así que me he levantado sonámbulo, tal vez por eso lo primero que he hecho esta mañana -este mediodía para ser exacto-  ha sido aviar a los gatos, concretamente gatas, les he lavado el cuenco de cristal del agua y el otro cuenco de acero para el alimento dietético para gatos  de la marca que recomienda el veterinario, un jamón pata negra saldría más barato, pero son mis gatas, me acompañan cuando escribo o leo y son las últimas en retirarse cuando me afano tocando la guitarra.

Había pasado la ventolera tarde de ayer con picor de ojos, el levante insiste con la persistencia de un inmigrante en la valla fronteriza de Beni Hassan, Melilla. Preparo té verde, prendo un sándalo, la calma va entrándome poco a poco, me estiro tomando asiento en el chaise longue, impaciente, como mis dos gatas que miran al techo con los ojos muy abiertos,  el libro de Berlanga, en sus páginas finales, persiste insinuándoseme con insolencia cartesiana, estiro un brazo para prender el portátil, con picor de ojos y todavía soñoliento a estas horas en que la primavera se acerca al galope y el viento de levante sopla tenaz a velocidades que harían saltar los radares de tráfico.

Son Aymara

El epicentro del poemario es precisamente el poema Tiahuanaku donde al final de cada estrofa, como una ardua letanía, repite “son aymará, son aymará”, título del libro.

Tiahuanaku descansa dormido en la distancia, / sus huidizos lebreles deambulan desolados, /  los lares insepultos corean sus enigmas / los hijos y mujeres recuentan las estrellas. / Una paz indolente se mueve en los caminos, / el pasado rezuma de astros relucientes, / de destinos perdidos y fuegos recobrados / que en la noche destila la sangre derramada / y la sombra de un tiempo callado para siempre. / Son aymará, son aymará.

 Tiahuanaku es una antigua ciudad arqueológica ubicada en La Paz, Bolivia, muy cerca del lago Titicaca al que también Alfonso Berlanga dedica un poema:

Azul profundo te muestras a mis ojos / mágico mar herrado en tus alturas… Eres grandioso, omnipresente, vivo,… el tiempo que me das, tu tiempo herido.


A través del libro de poemas Son aymara, de Alfonso Berlanga, he paseado las calles de Bolivia, hablado con sus gentes, me he sentado a la mesa con las familias, he compartido los recelos, preocupaciones, miedos e inquietudes del pueblo bolivariano, sus fiestas y folclore, sus gestas del día a día, he viajado en bus:

¡Obrajes, Calacoto, Cota Cota! / ¡Miraflores, Irpavi, Archumani! / voceros en minibús, medio cuerpo en cabestrillo, / pregonan su mercancía a los viandantes, / infernal ruido, gasolinazo en el aire / festejo multiforme de carreras encendidas / y gentes que se apiñan en butacas de trapo.

Este poema, me recordó algunos periplos en Quito, Ecuador, donde en cada parada de transporte público, popularmente  “el trole” suben y bajan vocingleros y mercachifles a ofrecerte un desmedido arsenal de productos insólitos.


La estructura del poemario son versos dilatados, de métrica generosa con base heptasilábica y sus cercanos endecasílabos y alejandrinos, formato en que discurre una gran parte del poemario. En el segundo capítulo del libro, dedicado a la familia, Berlanga exhibe su maestría con los versos alejandrinos a través del único soneto de todo el poemario. “El primogénito”: Rutilante y altivo, aymará pretensioso, / astuto, caprichoso, enigmático, simple, / profundo en su mirada, en sus ojos de almizcle, / autoritario siempre, callado y perezoso.

-
En definitiva un libro para conocer e incluso comprender la idiosincrasia de todo un pueblo a través de la  mirada poética de un experimentado poeta poeta que nos muestra con maestría los lugares, las tradiciones y costumbres peculiares enraizadas en el canto, la música,  la danza; el día a día, el arraigo familiar,  la gastronomía, la forma de vestir,  el modo de hablar y comportarse del pueblo de Bolivia.


Mientras escribo estas letras,  escucho de fondo a Sabina, él dice que lo niega todo, y lo afirma con talento y solera, yo mismo, como Sabina, también lo niego todo porque aún no estoy convencido de nada!

Vuestro en la poesía


Alonso de Molina

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