sábado, 28 de junio de 2025

La dama del carrito. Relato de Eladia Tristán



Aquella mañana desperté embotada, por más que el sol luciera espléndido. Era uno de esos días en que nada parece justificar la tremenda nube gris que pesa sobre tu cabeza y andas buscando escurridizas razones para entender cómo te levantaste con el ánimo tan distante al del día anterior. Me ocurre a menudo. En días así suelo salir a la calle, tal vez para descartar que entre las cuatro paredes que delimitan mi existencia, se pueda encontrar la causa de esa neblina intelectual y moral que ocasionalmente me visita. Se trata de salir, salir de casa para exponer el rostro al aire, con la esperanza de que una brisa amable barra los nubarrones de mi alma.

            Esos días todo luce opaco, como contagiado por la misma espesura con la que yo amanezco. Y la alegría que observo en las gentes que transitan ajenas a mi insatisfacción me parece artificial y escurridiza. En esos días mi vista enfoca afines rostros demacrados de sonrisas ausentes, miradas perdidas, e incluso miradas que escrutan con descaro el dolor de los demás. Y yo siento que la vida me está mostrando su peor disfraz.

            Salí una mañana cualquiera de invierno con intención de distanciarme de mi morada y distraer mis pensamientos entre los stands de una ocasional feria del libro. Apenas había perdido de vista mi calle cuando un inoportuno tirón muscular me dejó casi inmovilizada y hube de renunciar a caminar, no así a mi objetivo matinal. El transporte público se presentaba como la única forma de llegar al centro de la ciudad y perderme entre casetas de libros antiguos, Premios Planeta, caprichosas ediciones, literatura infantil y un sinfín de cuadernos de papel para aficionados al arte de escribir a mano.

            Y siguiendo con la tónica de la mañana, la parada del bus, casi vacía, vaticinaba una larga espera al sol de un invierno insultantemente cálido. Sólo una mujer de atuendo anodino, armada con un vetusto carrito de la compra esperaba pacientemente la llegada del transporte. Mi mala memoria también tiene honrosas excepciones y reconocí en ella a una paciente psiquiátrica de mi época laboral anterior. Enseguida me vino a la mente su diagnóstico, aunque lamentablemente no su nombre. Recordé de ella anécdotas –los pacientes psiquiátricos siempre regalan anécdotas– así como el rapado y tinte de pelo que delataban la extraña situación en la que se encontraba su mente. También recordé su alta inteligencia y el porte educado con el que nos exponía sus estrafalarios planteamientos. Durante unos meses tuvimos que lidiar a menudo con esta mujer que, convencida de haber nacido para ayudar a los demás –algo que profesaba como una misión divina–,  trataba de persuadir a mi equipo para que la nombraran cuidadora de un familiar afectado de Alzheimer. Ella por su parte tenía reconocido un grado II de dependencia según la Ley del mismo nombre. Nada más llegar a la parada, traté inútilmente de buscar entre los recovecos de mi cerebro el nombre de la paciente, pero la información que me llegaba era un sinfín de datos diagnósticos y anécdotas que esta peculiar mujer protagonizó durante los meses que no anduvo recluida en una vivienda supervisada de la fundación para la integración social de personas con enfermedad mental.

            La mujer me miró directamente a los ojos y me preguntó qué línea de autobús esperaba. ¡Si supiera que lo que más me urgía era encontrar entre mis neuronas un nombre con el que enterrar tanta información sobre su persona! Se mostraba educada y mantenía una charla inteligente tal como yo la percibía diez años atrás. Se había dejado crecer el cabello, aunque ahora lo  sometía a un anticuado recogido que perfilaba un rostro extraño pero bondadoso. Su pregunta era una invitación al diálogo. No se conformó con saber la línea de autobús que yo tenía intención de coger, sino que me informó de haberlo visto pasar minutos antes de mi llegada y trató de amenizar la posible larga espera que yo tendría que soportar. Me tiró de la lengua e invitó a mantener una conversación que por sencilla que pareciera, no era en absoluto banal. Yo le hablé de las ventajas de caminar y ella me respondió con las bondades de la aceptación cuando algo deja de resultarte accesible. Me contó su plan de trasbordos:

            –Siempre cojo un autobús –me dijo– pero hoy tengo que tomar dos, en la siguiente parada enlazo con la línea tres que me deja muy cerca de mi casa.

            Fue el inicio de un diálogo acerca del calor excesivo a primeros de diciembre como efecto del cambio climático, de la necesidad de no usar el coche a cada momento, de los problemas de la contaminación a nivel mundial, de lo inaccesible de los coches eléctricos para la clase trabajadora, del dolor de los océanos... Ella procuró en todo momento calmar mi posible contrariedad por la espera y me sorprendió con un:

            –Si tiene usted internet en el móvil puede consultar la hora de llegada, así sabrá cuánto tiempo tiene que esperar.

            Reconocí enseguida unas habilidades sociales que consideraba perdidas en estos tiempos.

            Me contó que no pagaba internet y por eso no podía hacer la consulta en su propio celular. Me habló de la aplicación y se ofreció para ayudarme a instalarla en el mío, a consultarla y a pinchar en la opción correcta. ¡Ya está! Faltaban sólo ocho minutos. Comentamos que era grato esperar al sol en invierno y ella me hizo saber que el tiempo de espera era solo aproximado, que lo calculaba una máquina y a veces erraba. Percibí su empatía, incluso con las "máquinas". Fue ella quien me advirtió de que mi autobús estaba llegando y que habría de estar atenta pues si no le hacía una señal de parada, el conductor podría pasar de largo. Lo dijo con ternura, sin un ápice de tomarme por alguien que no supiera coger un trasporte público. O más aún, con la inteligencia natural de quien conoce las almas humanas y se siente llamada a cuidarlas. Yo subí primero y me acomodé en mi asiento. Le ofrecí a ella uno libre frente al mío, pero me recordó que se bajaba en la siguiente parada y se quedó de pie cerca de la puerta.

            Anduve todo el trayecto tratando sin resultado de encontrar su nombre. En mi fuero interno la bauticé como "la dama del carrito" por afinidad con el cuento de Chéjov y así pude despojar de mi memoria el diagnóstico psiquiátrico que le daba identidad. Durante días recordé los quince minutos compartidos con esa peculiar mujer en la parada del autobús. Y durante mucho tiempo, creo, recordaré su empatía, algo imprescindible para el cuidado de los demás. Una empatía que hizo olvidarme de los nubarrones con los que mi espíritu se despertó aquella mañana de diciembre, y disfrutar de un día espléndido, enseñándome "las bondades de la aceptación cuando algo deja de serte accesible".

 ***



Eladia Tristán (Almería)
, psicóloga, ha trabajado con la infancia más desfavorecida, una experiencia apasionante que le ha nutrido de historias de una sensibilidad excepcional. Desde muy joven, el amor por la literatura le ha permitido escapar, a través de la novela y el relato, de los claroscuros de la vida diaria, surgiendo así la necesidad de poner en palabras muchas historias gestadas a lo largo de los años, historias que tomaban vida propia, como si exigieran darse una segunda lectura y liberarse de sí mismas adoptando otro formato.


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viernes, 27 de junio de 2025

Hay un acosador entre los profes. Dora Isabel Berdugo Iriarte



Julián tiene 33 años, es bien parecido, responsable y respetuoso, sin duda alguna,

por eso, se ganó la confianza y el cariño de sus compañeras, quienes lo veían como su protector y líder. Luego de muchos tropiezos, decidió hacer una tecnología en turismo, yo lo conocí en el curso de Turismo Cultural, donde fui su maestra. Rápidamente tuvimos empatía, sin saber que era pariente de Jaime uno de mis estudiantes más queridos en otra universidad, donde trabajé, hacía algún tiempo. Cuando supimos esto, la confianza fue creciendo, al punto, que me convirtió en su consejera.

 

Un día a eso de las siete de la mañana, cuando me disponía a subir al aula, para mi primera clase de la mañana, Julián me interceptó cariacontecido a la subida de las escaleras y me comentó muy preocupado que había entre los profes un acosador. Julián tenía evidencias de las capturas y conversaciones en su móvil.

Me dijo deseaba denunciar este hecho. Le dije que agotáramos el conducto regular y estuvo de acuerdo con eso. Fuimos al decanato, el buscó a las víctimas, se les pidió que hicieran la denuncia formal, la decana le dio todas las garantías, pero las jóvenes decidieron callar.

 

Todos quedamos perplejos, cuando escuchamos que no harían ninguna denuncia,

le dijeron muy molestas a la decana que Julián estaba celosos del profe Rigo, porque ellas ya no querían andar con él, así que todo lo dicho por Julián, era una mentira. Según las chicas el profe era bueno y respetuoso con ellas. Entonces las confrontamos con las capturas de pantalla del móvil de Julián, enviadas por ellas mismas pidiendo su ayuda y todo se puso peor.

 

Gritaron, patalearon, lanzaron contra Julián cualquier cantidad de improperios y a al resto nos pidieron que no siguiéramos indagando, porque todo había sido un malentendido. Como las sabíamos víctimas intentamos persuadirlas, se les garantizó el apoyo de la institución, ya que, Julián era amigo personal de los dueños de la universidad y la decana gozaba de credibilidad ante las autoridades de esta, pero ellas alegaron que tenían derecho a su intimidad, ya eran mayores de edad y todo lo que se tenía como evidencias era consensuado.

 

Con ese discurso negacionista, amparadas en sus derechos fundamentales, pese a las evidencias contundentes en contra del maestro Rigo, nos tocó respetar el derecho a la privacidad. Indignados y maniatados, los presentes en esa reunión, no entendimos por qué decidieron proteger al victimario. Algo extraño sucede en la mente de quien no denuncia el abuso, pero gracias al silencio de las víctimas, hoy sigue en la universidad, un acosador identificado entre los profes

 

Dora Isabel Berdugo Iriarte

Cartagena de Indias, 20 de Julio del 2021




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Tres Poemas del Poeta Cubano Nelson Roque Pereira


UN TERCER OJO

 

busca la piedra construida
por el temblor del agua.
Antonio Gamoneda


No toda la célula de la circunferencia de la mirada
se desglosa en el derecho y el envés del día en calma,
el espacio donde se aceitan otras estadías del ser  
con las sustancias de las presiones del cuerpo.
Mientras ven los peces del estanque creo tener ojos
para la fugacidad y la persecución de sus aguas,
caer en la trampa dialéctica de albergar un tercer ojo
donde posar en confianza con atisbos de párpados
el corpus de lo sublime en la costura de los dobladillos.
Todo mientras caigo tumor desde el piso de encima,
olvidado de que voy descalzo por este lado del puerto
donde no todos los ojos ceden al desgarre
de la herida frente a la sutura ardiente,
a las espigas de la cosecha ahogadas en el granero,
ni al destello antiguo de la barca que se inclina
cuando lanzo con flaqueza mis botellas al mar
en la distorsión de ver el cosmos de lo resolutivo.


LOS PÉTALOS DEL PAVIMENTO

 

todo ya está escrito, y borrado,
y vuelto a escribir
Gastón Baquero


En algo de tierra soy vertedero
donde los hijos arrojan su moneda falsa,
y los límites aguardan con intentos
sequías de relampagos en lluvias de carroñas,
el yeso de los pájaros que olvidaron volar
el pasado y el presente por un sendero futuro.
Aquí yacen cartas escritas a oscuras
con tinta de raíces en el mar,
y la inconclusa carne de la burocracia
en los espejos que devuelve el rostro
partido en ocho mundos.
Soy la cicatriz que aguarda
lo que repudiaron los ríos de la memoria,
preguntas y respuestas sin tornillos,
los fósforos usados al incendiar la cumbre
tras el párpado agónico de la palabra.
Pero en los circuitos de la basura
algo brota con rabia al romperse los cristales,
sus brillos son hojas de un territorio donde
una idea forcejea entre latas semi vacías.
No me llamen al páramo,
voy del vientre al ensayo del conocimiento
de un ciclo de una primavera salvaje,
esa que nace de todo lo que nadie quiere
y donde lo inútil es parto y fruto
del polvo que asciende en su canción de trigo.


LA ACIDEZ DEL JARRO


Yo no tengo esperanza sino una pasión
cuyo nombre tú no vas a decirme.
Antonio Gamoneda


Con miedo a la palabra adulto
me despojo de la clemencia y el bautizo
en los círculos sucesivos de la respiración.
Otros cuerpos se ha desollado
en el equívoco de los pulmones,
y han vuelto con la carga del murmullo
tal vez del viento o de las aguas
en la sombra pensativa de las ataduras.
Un hombre inesperado me persigue
y de vez en cuando sacude sus cuchillos
con el grito en la música de Springsteen.
No sé otra desaparición más suave
que la que desciende a ras del árbol,
como no pretendo subas el andamio
de los versos a beber las cenizas
de los labios en el temblor de los viernes,
no habré de renunciar al censo de los días
y a las piedras que me dejó Esenin,
colmar de huesos la quietud del laberinto,
sin más palabras con el enfermo
que la acidez del vacío en un solo jarro.



Perfil del autor:


Nelson Roque Pereira (Ciego de Ávila, Cuba, 1966), Poeta e Investigador histórico; pertenece a la Organización internacional POETAP y a ELILUC; premiado en concursos, su obra ha sido publicada en varios medios, Libro Internacional Puente de palabras XIII 2016 Argentina; en Antología mundial Poetas siglo veintiuno, España; El abrazo del Nogal de Daimuz, antología Lorquiana tomo II, España; Ágora de la poesía, España; Alhucema Revista Internacional de Teatro y Literatura 2019, España; en varias antologías foráneas y en páginas Web de Cuba y del extranjero y en su poemario "Por los cauces de la noche", España, 2020.




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Seis Poemas de Benito Gallardo Marín


(Los hechos nos demuestran cómo algunas denominadas “democracias”, como en el caso de Israel, resultan tanto o más criminales que cualquier  dictadura.)

 

I

¿“TIERRA SANTA”?

 

¡Maldita, malditas guerras!...

una piedra Palestina

y un misil contra la piedra.

 

Cuentan que destruyeron Jericó

y se ensañaron con su pobre gente

como lobos hambrientos de corderos.

Josué y Samuel cumplieron el encargo,

-según ellos, por órdenes divinas-,

y desde entonces muere Palestina

bajo el más crudo fundamentalismo.

“Tierra santa”, la llama Israel,

“su tierra prometida” -le llaman todavía-

para justificar tantísimos desmanes.

 

¡Cuánta pasividad o indiferencia,

Cuánto pésame fingido,

cuánta diplomacia huera

¡Exhibe el resto del mundo!

Hasta el mismo Dios llama;

-si es que existe-

es mudo, sordo, ciego o inventado

para fingir temores con sus diez mandamientos..

¿Por qué sigue aferrándose al silencio?

y ante tanta barbarie no se aterra?.

¿Es que llamar el crimen no es acaso delito?

¿No es delito atizar la criminal contienda?

de este libre albedrío tan canalla?...

 

Se especula que ha muerto de pereza en el cielo,

y que son sus ministros los que atizan la guerra.

¡Maldita, malditas  ¡guerras!...

una piedra Palestina

y un misil contra la piedra.

 

II

 A Benjamín Netanyahu y sus aliados  en esta matanza que no tiene fin.

 

Para esta guerra, traidor,

sátrapa vil, repugnante…,

Párala, o ve tú delante

Si te queda algún honor.

 

Desayunas y almuerzas carne humana

cada día que nace y el sol brilla,

fresco en salsa americana

y corazón abierto a la parrilla.

 

Merienda y cenas muerte en calderilla,

asadura y riñón a la romana,

cada espacio que invade, cada orilla,

cada puesta de sol, cada mañana.

 

Pasa el tiempo y no pierdes la manía

de tomar sin pudor iniciativas

para diezmar a millas de inocentes.

 

Comerte un mundo es tu filosofía.

Mientras unos te ponen  lavativas,

                                     yo tan sólo deseo que revientes.

 

III

                                                                      

(Canto para honrar la memoria de tantísimas víctimas inocentes, y de  Heba Abu Nada, (poeta a la que también acaban de asesinar)

 

 

¿A dónde iré?, que no tiembla,

-mire para dónde mire-.

¿A dónde?, ¿qué no suspire?

Ni el corazón se me quieta.

¿A dónde iré a respirar?

 

Si por tierras palestinas

llegó a la franja de Gaza,

¿Es su dolor quien me abraza?

impactando en mi retina

y rompiendo mi esperanza.

 

Hoy traigo munición

solidaridad con su gente,

Estos fandangos valientes

apuntando al corazón

de su asesino indecente.

 

A ti, resistencia hermosa.

A tu pueblo le dio tanto frío.

A ti, mi preciada rosa.

A tu lucha generosa

Dedico este canto mío.

 

 

IV

 

PAZ EN NOMBRE DEL PUEBLO.

 

Pedir la paz es siempre un gesto hermoso...,

¡Paz en nombre del pueblo, presidentes!

No desestimen mi demanda urgente

desoyendo un clamor tan generoso.

 

Paz y respeto, porque es bochornoso.

que siempre pagan  Justos e inocentes

el despotismo de los indecentes

más despiadados y vilipendiosos.

 

Paz infinita para las especies.

que formamos la vida del planeta.

Convirtamos la paz en nuestra meta,

nuestro horizonte y más preciado esfuerzo.

Paz y amistad en todo el universo.

No le cierres tu puerta y la desprecies.

 

 

V

 

Defendemos Gaza

 

Mientras que Gaza arde desesperada y sola,

devorada por perros, violada y hambrienta 

como un ser desvalido

que se ahoga en su sangre;

Mientras tanto revientan Siria,

el Líbano y…¿quién sabe?,

Nuestros gobiernos callan

y miran al otro lado,

Visita el club de alternes,

se van de mariscadas,

a misa los domingos

para que dios los premie;

la palabra “y tú más”

 nunca pasa de moda,

Son buenos comediantes

pensando que trabajan

ganándose la vida dignamente.

 

Mientras que Gaza arde desesperada y sola,

otros, -llenos de euforia y un cinismo arrogante-

celebran con champagne las nuevas bajas

que han cobrado los últimos combates.

 

Nuestra clase política permanece impasible.

A todos los gobiernos se les cae la careta

por mucho que presuman de progreso y solidarios,

de rojos o de azules, de izquierda o de derecha;

ellos sólo obedecen a la voz de sus amos,

-no sea le regañen las más altas esferas-

 

Gaza nos necesita  y nadie le responde.

De Norte a Sur, los medios, nos muestran sus cadáveres

pudriéndose en las calles y bajo los escombros,

y no nos roba el sueño. Y no nos duele nada.

Nos hemos vuelto inmunes con la desgracia ajena:

Ni escuchamos su aullido

 ni nos cala el llanto;

Solo el silencio infame

que nos hace tan cómplices

es el único arma, la única respuesta.

 

 

VI

 

 

Todavía es posible

(canto de esperanza a Palestina, con el deseo de verla libre del sionismo criminal que la desangra.)

 

Todavía es posible que le pode a mi canto

estas viejas espinas que me arañan la voz

lastimando el dintel de mi garganta.

Todavía es posible que el pan nos llegue a todos,

como nos llega el sol, la lluvia, el aire…

Todavía es posible que los fusiles llamen.

y suene la cadencia de un hermoso poema,

la fábrica de muertes se queda tetraplejica

y la barbarie humille como un toro vencido.

 

Todavía es posible, ¿por qué no?

 que amanezca la paz,

 –  tan deseada lluvia -, 

y dé frutos carnosos la tierra que sembramos;

que alondras y palomas celebran canto y vuelo.

Todavía es posible esta hermosa esperanza.

 -tantas veces herida o frustrada-

de quien construye mundos diferentes

con andamios de lápices y frágiles palabras.

Todavía es posible, todavía.

 

 

 

 

Benito Gallardo Martín. (Los Corrales (Sevilla).

Desde muy joven siente la necesidad de expresarse.  a través  del cante y la poesía- sensibilidad que hereda de sus raíces maternas .

Con solo once años de edad abandona la escuela por dos razones: No soportar las vejaciones a que lo sometían  algunos maestros del nacional catolicismo; y también para ayudar a su familia en las faenas del campo.

Su afición por el arte no le abandona, y sigue escribiendo.

Algunos de sus poemas han sido incluidos en las siguientes  antologías: “poetas del 15M”, “poetas andaluces de ahora”,  Bicentenario de Gertrudis Gómez de Avellanada, y “poetas andaluces  contemporáneos”

 

Música de fondo  -España-


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jueves, 26 de junio de 2025

Reseña de En los Cimientos del Poema, Antología Poética Pedro Enríquez


Tal como afirma D. Rafael García, Coordinador del Aula de Poesía y Humanismo Ciudad de Baza: "Pedro Enríquez, poeta de la hondura y la entrega, continúa merodeando el desamparo, el desierto sin límites, pero también los manantiales de agua que cambian el sentir del hombre, sobre todo la palabra teñida de luz esperanzadora, la imagen poética viva y vivificante."

Por su parte, en el prólogo, a cargo del poeta español Alonso de Molina, se hace referencia del autor, Pedro Enríquez, como poeta y hombre rendido a la poesía, dotado de una visión capaz de reformular preguntas para dar respuestas que dotan al poema de una profundidad más allá de las emociones, una experiencia de carácter no verbal, que se aleja intencionadamente de la mera palabra para sumergirse de pleno en la espiritualidad que conlleva la poesía.

Poesía con la capacidad de elevarnos y conectarnos con algo más grande, pero también nos recuerda las realidades y desafíos de la vida humana. La dualidad entre la esperanza de un más allá y la conciencia del dolor y la injusticia en el mundo es un tema poderoso que resuena en muchos de nosotros. Poesía, sí, de dimensión y matices espirituales, prolija, dilatada y amplia donde abundan las metáforas ricas en imágenes sensoriales donde el lector es llevado a descifrar el misterio que encierra el poema.

La obra del poeta español Pedro Enríquez, no deja de estar sometida a símbolos y códigos que manifiestamente, más allá de las palabras, someten al lector a pormenorizar cada verso con sus propios sentidos y percibir el poema a su manera a través de todos y cada uno de los capítulos que componen esta singular y amplia antología parte esencial de la trayectoria del poeta: En el hueco de su mano, Poesía para desafinados, Libélulas y granados, Lienzo del deseo, El eco de los Pájaros, Ese filo, Liturgia del olvido, Sueños en el laberinto, Ciudad en obras, Vigilante de niebla, Historias de arena, Extremo a extremo del silencio... Libros de emociones profundas que, de alguna manera, dan sentido a experiencias y sentimientos que de otro modo podrían ser difíciles e incluso imposibles de expresar.

"En los cimientos del Poema", obra poética editada y publicada por De Sur a Sur Ediciones, donde el destacado poeta español Pedro Enríquez, muestra una extensa selección de poemas de su amplísima y rica trayectoria poético literaria desde 1988 a 2024. El prólogo a cargo del poeta español Alonso de Molina, resalta la profundidad y matices de dimensiones espirituales de la presente antología, cuyos textos poéticos escarban en la naturaleza del ser humano y, llegado el caso, abre trascendentales magnitudes desconocidas.

 

Pedro Enríquez
Granada, 1956. Poeta, narrador y editor español, académico con la letra Z de la Academia de Buenas Letras de Granada desde el año 2004 y director de la revista Ficciones, Revista de Letras.
Ha publicado sus poemas en diversas revistas literarias de España, Estados Unidos, México, Argentina, Jerusalén, Colombia y Portugal, y parte de su obra ha sido traducida al portugués, francés, hebreo, inglés e italiano.
Obras: Extremo a extremo del silencio (1987); Historias de arena (1993); Vigilante de niebla (1995); Poetas en el aula (1995); Guía de bibliotecas de la ciudad de Granada (1998); Los áridos pasos (1999); Guía de archivos históricos de la ciudad de Granada (2001); El eco de los pájaros (2002); Las manos en su vuelo (2003); Zaguán (2005; L’eco degli uccelli (2005); Alhambra y Generalife: breve itinerario poético del agua (2006); Ciudad en obras (2007); Liturgia del olvido (2009)
Sus poemas también forman parte de algunas antologías poéticas: Poesía española contemporánea: una muestra de doce poetas (México, 1998); Cuadernos de Sandua (1999); 25 poetas en la Casa del Inca (2000); Pólvora blanca. Antología de poetas por la paz y la palabra (2003); Entre Desiertos (2004). Del amor y sus paisajes (2004); Después de todo (2004); Poetas de Granada. Desde la otra orilla (2004); El perfil del naipe (2005); Más poemas para dejarse llevar (2005); Poetas de cara al siglo (2007); Prometeo (2007); Ulrika (2007); Contemplando la vida (2007); Todo es poesía en Granada. Panorama poético (2000-2015).


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