jueves, 27 de noviembre de 2025

"El Cartero Llamó Dos Veces", Así lo Recuerdo. Por Yina Julio Estrada



“EL CARTERO LLAMÓ DOS VECES”, ASÍ LO RECUERDO.

A la memoria de Emery Barrios Badel (1953-2012).

Por Yina Julio Estrada

Me pasa que a veces, a causa de las enredaderas de la vida, olvido que las personas más amadas también son mortales. Para mí Emery fue un hombre intacto en el tiempo, con un corazón y una personalidad que no se detenían. Me regalaba siempre algunos minutos para saludarme, para preguntar en qué andaba. Yo nunca tuve que acercarme, ni buscarlo. El aparecía con frecuencia en cualquier rincón del Centro Histórico y yo imaginaba que había un Emery por todos lados de la ciudad por si alguien necesitaba contagiarse de alegría, de mucha calma y de buenas ideas.

Parecía además tener un detector en su mirada. Un buscapersonas que activaba inclinando un poco su cabeza para mirar mejor por encima de sus gafas. Yo, una vez detectada, ya no podía escapar y nunca quise hacerlo, pues no había nada más agradable que escucharlo hablar de muchos temas en un mismo instante. El día que me dijo: « Tengo en mi casa una colección de discos de salsa de todos los tiempos »,quise contarle que yo también era una amante de la « salsa viejita », gracias a una enigmática influencia paterna, y que siempre me ha parecido un excelente tema de investigación, porque garantiza cero asomos de aburrimiento durante el trabajo de campo. Ese, como casi todos los días que lo veía, preferí anularme y callar, pues era siempre mejor dejar que él hablara, hablara y hablara.

Es aún inolvidable aquel Festival Internacional de Cine de Cartagena de 2002. La primera impresión que me llevé de Emery fue la de un conversador que cambiaba de tema tal como una aguja sobre un disco de vinilo pasa a la siguiente canción. Sabía mucho de todo, especialmente de cine y de música, quizás de ahí su sensibilidad excesivamente humana.

En aquella versión del festival teníamos como vecinos a Jorge García Usta y a John Jairo Junieles, y cuando Emery salía de aquel salón del Hotel Caribe para hacer alguna de sus tantas diligencias, yo me dedicaba a husmear lo que se hacía en sala de prensa, porque quería saber más sobre el trabajo de aquel García Usta que me llamaba «la monjita del festival», porque nunca me vio en las fiestas que se hacían después de las jornadas de trabajo.
Yo era apoyo de Emery Barrios y de Lorena Puerta, una mujer que al principio me pareció demasiado seria y fría. No cruzó muchas palabras conmigo pero al final de esta versión del festival, me sorprendió con el abrazo de despedida más duradero y fuerte que mis huesos han recibido. Cuando pienso en ella, me convenzo de que algunas

personas no necesitan hablar para demostrar cariño, pero Emery no perteneció a esta categoría: era un hablador incansable de esos que nunca aburren, de los muy pocos que te hablan con el corazón.
Debió tener siempre muy buenas baterías para que su cuerpo siguiera ese ritmo de andar la ciudad. Baterías que esta vez fallaron y que ahora me impiden contarle en mi próximo regreso a Cartagena que lo recuerdo cada vez que escucho aquella salsa de la que sólo me sé la parte que él repetía, como cuando a uno se le pega una canción: “El cartero llamó dos veces”, y para decirle también que recuerdo sus profecías acerca de mi futuro y su estilo original de estampar un beso en mi mejilla demostrando siempre su respeto, ternura y transparencia.
Confieso que, en medio de las enredaderas de la vida, será difícil resignarme a la idea de que ese amigo de naturaleza humana intacta, ya no me sorprenderá en algún rincón del Centro Histórico. Creo que ahora seré yo quien va querer andar la ciudad para buscarlo.

***
Yina Julio Estrada  ( 1983 Cartagena de Indias, Colombia).  Su carrera como Tecnóloga en Traducción y Turismo, la llevó a confirmar su atracción por el encanto que tienen los idiomas. Por su parte, pero nada lejos del universo del lenguaje, su formación como comunicadora social la animó a interesarse aún más por las crónicas, los cuentos y la poesía. Actualmente se desempeña como docente universitaria en su ciudad natal. 

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Poemas del libro Rostros y Rastros de los Seres Anónimos de Dora Isabel Berdugo


Poemas del libro Rostros y Rastros de los Seres Anónimos

de Dora Isabel Berdugo


Cuando todo indicaba olvido

 

Todo indicaba olvido

sobraban las palabras

tu imagen no visitaba mi memoria

de pronto una gota de lluvia

reconstruyó tu rostro

un destello de sol

la atravesó en silencio

mientras buscaba el suelo

dio fin a otra madrugada

 

_____________________________


Designio

 

No me pidas

que cambie tus días

tu destino

o tu pasado

 

Podría cambiar

cada uno de tus días

tus pensamientos

y tus pasos

pero si eres tú misma

todo será igual

aunque pienses diferente

aunque diferentes

sean tus días

 

_____________________________________

Ojos del alma

                           A la vieja Zura, como un tributo a su cariño

 

Hoy te encontré navegando en mis recuerdos

y desconozco el porqué

Zura Castellano mujer de sonrisa amplia

y ojos claros que miran con el alma

 

Zura amiga de antaño extraviada en el tiempo

y en muchas ausencias

hoy quisiera verte y no encuentro como

 

Zura Castellano desapareciste

de mi mundo tal como llegaste

quien fuera Baco para brindar contigo

y celebrar la vida en la eternidad postrera


______________________


Cuando todo indicaba olvido

 

Todo indicaba olvido

sobraban las palabras

tu imagen no visitaba mi memoria

de pronto una gota de lluvia

reconstruyó tu rostro

y un destello de sol

la atravesó en silencio

mientras buscaba el suelo

dando fin a otra madrugada


_______________________________


Vocación

 

Para cazar

he nacido

eres la presa

yo el cazador

tu temor te paraliza

a mí me excita

nada me conmueve

 

No te escondas

es inútil

no te quejes

nadie advertirá tu grito

cuando mis garras

te abracen con la muerte

***



Dora Isabel Berdugo Iriarte
, de Cartagena de indias. Abogada. Poeta y teatrista. Especialista en Comunicación y Desarrollo. Máster en Intervención Social, gestora y redactora cultural e investigadora social.






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Entrevista a Antonio Madrid, por Cristina Rhea



”Rumanía tiene un carácter latino muy similar al de España”


 

Antonio Madrid es un profesional y un nombre representativo para el emigrante español que ama Rumanía, con una trayectoria profesional rica y compleja en diversas áreas de actividad. Pero también tiene un destino personal especial e interesante.

Casado con una rumana, después de un año y medio viviendo en Moscú, eligió Rumanía en 2008. Proviene de una familia española que vive en Portugal, país en el que nació. Graduado por la Facultad de Ciencias Políticas y de la Administración de la Universidad de Santiago de Compostela (España), abre, poco después de su llegada a Rumanía, una librería online con libros en español, que tuvo éxito durante varios años.

Al inicio de la pandemia, decidió cerrar una etapa de más de diez años en el sector de la construcción para explorar nuevos horizontes profesionales. Así, obtuvo la certificación como traductor autorizado de rumano, español y portugués por parte del Ministerio de Justicia de Rumanía, y se convirtió en profesor de español para extranjeros en el Instituto Cervantes de Bucarest, donde sigue trabajando actualmente.

Paralelamente, escribió y publicó un complejo e inédito Diccionario Jurídico Rumano-Español, una obra única en este campo en el mercado editorial rumano. Poco después, se unió a la sección en español de Radio Rumanía Internacional, donde actualmente trabaja como corrector de textos, redactor y locutor.

 

Actualmente, imparte clases de español general y español jurídico para extranjeros, realiza traducciones literarias (del inglés y del rumano al español) y, además, ofrece apoyo a escritores independientes para que autopubliquen sus libros en español (con enfoque en Amazon).

 

– Entrevista –

 

Rhea Cristina: ¿Por qué elegiste Rumanía como país de residencia por más de 15 años?

 

Antonio Madrid: Muchas gracias por invitarme a esta entrevista, Cristina. La elección de Rumanía fue completamente racional: quien iba a ser mi futura mujer es de este país, y tras un periplo que nos llevó por varios países europeos, al final decidimos establecernos en Rumanía. 

 

Rhea Cristina: ¿Qué es lo que más le gusta de Rumanía? ¿Cómo son los rumanos de aquí en comparación con los de España?

Antonio Madrid: Yo llegué a Rumanía sin conocer apenas nada sobre el país y sus habitantes. Creo que mi mujer fue la primera persona de esta nacionalidad que conocí. Dicho esto, una vez llegado al país me di cuenta que el país tiene un carácter latino muy similar al de España, Portugal e Italia, por poner unos ejemplos, razón por la cual me fue muy fácil integrarme en esta sociedad. 

No conozco a muchos rumanos viviendo en España, más que nada porque vivo en Rumanía, pero supongo que les sucede lo mismo: eligen países como España porque la adaptación le resulta más sencilla y el estilo de vida es similar al que conocen. 

 

Rhea Cristina: Su diccionario bilingüe, que abarca la terminología jurídica y económica del rumano al español, tiene 408 páginas y un total de 15.700 entradas de terminología jurídica y económica en rumano. De estas, 6.200 son términos y 9.500 son ejemplos de uso, todos traducidos al español. ¿Qué representa este diccionario y a quién va dirigido?

Antonio Madrid: El diccionario surgió como un proyecto personal dedicado a suplir una carencia que detecté en el ámbito de la formación de traductores en Rumanía. En este país, para convertirte en traductor jurado es necesario superar un examen que consta en la traducción de dos textos, uno en rumano, y el otro en la lengua de elección del candidato.

El examen tiene una duración de 2 horas para cada uno de los textos, y se permite el acceso a la sala con un diccionario bilingüe en formato papel, para que sirva de herramienta auxiliar durante la prueba. Cuando fui al examen vi que quienes se presentaban a la prueba en otros idiomas poseían diccionarios especializados, incluso en varios tamaños distintos, sobre el lenguaje de especialidad que necesitaban. 

En cambio, para la pareja rumano-español solo había algunos pocos diccionarios generalistas, que no eran de gran ayuda para la traducción de textos jurídicos o económicos, los ámbitos con más candidatos en este examen de traducción.  

 

Rhea Cristina: Como profesor, enseña clases de español general, clases de español jurídico y clases de preparación para el examen DELE. ¿En cuál de estos campos se siente más cómodo como pedagogo?

Antonio Madrid: Excelente pregunta. Diría que todos, porque en realidad lo que me gusta es la variedad, no me gustaría dedicarme a uno de ellos en exclusiva, ya que me acabaría aburriendo. El español general es el que más demanda tiene, y siempre es muy agradecido ver como entra un alumno a la clase de A1 sin saber apenas nada y dos o tres meses después sale por la puerta diciendo frases enteras y con una gran capacidad de comunicación en español. 

La preparación para el DELE tiene el atractivo de que está orientado a realizar un examen en concreto, lo que supone un reto debido a que hay un horizonte temporal claro que te obliga a organizarte en ese sentido (por el momento, todos mis alumnos, sin excepción, han superado este examen). 

Finalmente, me gusta el español jurídico porque me permite comunicar con personas que comparten interés por este lenguaje de especialidad, y entre mis alumnos he tenido a jueces, fiscales, abogados… en definitiva, grandes profesionales que sienten interés por aprender el español usando un lenguaje técnico que ellos ya conocen muy bien en su lengua materna.     

 

***

Una entrevista realizada por Rhea Cristina. Cualquier uso del contenido de esta entrevista implica citar la fuente y requiere el consentimiento previo por escrito de Rhea Cristina.  

Todos los derechos reservados © Rhea Cristina  www.cristinarhea.wordpress.com 

 


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La Cotidianidad de lo Fantástico: José Baroja y la Brutal Ternura del Cuento Breve. Por Agatha Mendes


LA COTIDIANIDAD DE LO FANTÁSTICO: JOSÉ BAROJA Y LA BRUTAL TERNURA DEL CUENTO BREVE
Por Agatha Mendes. Periodista.

“La vida no es como la cuentan, pero a veces se parece mucho.”

Hay libros que no se anuncian, que no hacen aspavientos, pero que desde el primer párrafo nos empujan a una frontera inestable entre la risa y el estremecimiento. Un hijo de perra y otros cuentos (2017) del chileno José Baroja es uno de esos libros. En él, lo insólito se cuela por las rendijas del hábito, y la muerte —esa figura cansada que dobla esquinas sin apuro— encuentra el modo de ser entrañable, incluso vulgar, sin perder nunca su filo.

Publicado en Concepción y actualmente disponible de forma gratuita en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, este volumen de cuentos breve e incisivo parece recordarnos que el cuento no necesita adornos para ser punzante, ni complejidades para tocar lo real. Baroja, heredero indirecto de la tradición de D’Halmar y Pedro Lemebel, pero también de Borges, Monterroso y Carver, escoge la concisión como ética estética.

Desde el relato que da título al libro, Un hijo de perra, hasta piezas como A las tres de la mañana, Melancólico relato sobre una rosa o Historia de un hombre que amó, se percibe una estrategia narrativa que no apunta a la sorpresa por sí misma, sino a la revelación de un mundo donde lo extraordinario no contradice lo banal. Hay en Baroja una voluntad de derrumbar la jerarquía entre lo fantástico y lo cotidiano: en sus historias, la muerte trabaja como un oficinista más; los fantasmas tocan el timbre con insistencia; los ancianos no mueren, se despiden lentamente entre recuerdos.

El recurso más poderoso de Baroja es, quizá, la ironía con la que describe lo irremediable. Lo hace sin cinismo, pero también sin sentimentalismo. El cuento A la vuelta de la esquina, por ejemplo, juega con el suspenso y lo resuelve con una simple anotación burocrática de la Parca, personaje fatigado, casi gris, que ejecuta su trabajo con desgano. Este tratamiento desdramatizado de la muerte —que no por eso la vuelve menos siniestra— recuerda ciertas viñetas de La increíble y triste historia de la cándida
Eréndira... de García Márquez o los monólogos periféricos de Bolaño.

La escritura de José Baroja rehúye de los excesos de autorreferencia que contaminan buena parte de la narrativa latinoamericana reciente. En vez de centrarse en la construcción del yo, Baroja se sitúa en los márgenes: narra a través de voces que observan más que declaran, personajes desbordados por su propia fragilidad. El cuento Melancólico relato sobre una rosa encontrada en el jardín de la universidad podría ser leído como una pieza auto ficcional, pero se resiste a la confesión. El personaje —profesor, poeta, académico triste— se diluye en una pequeña rosa, en una escena mínima, como si sólo a través de la pérdida del yo pudiera restituirse el lenguaje poético.

En un mundo literario saturado de auto ficciones, de novelas-río, de libros de no-ficción que disfrazan el ensayo de crónica o la crónica de novela, Un hijo de perra y otros cuentos representa una forma de resistencia: la del cuento puro, ese que no teme ser anecdótico si lo anecdótico contiene una verdad. No hay aquí aspiraciones grandilocuentes, ni tesis ocultas. Baroja narra porque recuerda, porque el cuento, como diría Benjamín, sigue siendo un consejo, una advertencia, una forma de pasar la experiencia de mano en mano, de boca en boca.

La apuesta de Baroja es arriesgada: hacer literatura con lo menor. Pero lo menor, en sus manos, es inmenso. No hay herejía en afirmar que estamos ante un narrador que, desde su esquina, dialoga de tú a tú con grandes cuentistas latinoamericanos. Y que lo hace sin alardes, con el mismo gesto sereno con que sus personajes saludan a la muerte, le dan pan al recuerdo o simplemente se sientan a esperar, con una copa de vino y dos copas vacías, que alguien les devuelva lo amado.


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lunes, 17 de noviembre de 2025

La frontera. Relato de Alonso de Molina




Estaba dicho. Su nombre no me decía gran cosa, pero sus ojos, su boca, su pelo, incluso su manera de hablar y de moverse, sobre todo cuando dejó el bolso colgado de su antebrazo para colgarse del mío mientras me hundía dentro de sus ojos con esa miraba afable que tal vez había heredado de su madre, sí su madre, esa señora que usaba postizos estratégicamente colocados para ocultar las duelas que la edad iba produciendo en su frente y especialmente en sus ojos y cuello. Usa peluca, le aseveró la niña, y ella no se hizo de rogar, era la forma de mantener su ego sin necesidad de mirar atrás y enfrentarse abiertamente a los espejos de su casa o a los nítidos reflejos de los escaparates.


Ella, la niña, trabajaba en una empresa de reparto, manejaba la camioneta con destreza, era prudente en la conducción y especialmente diligente en las entregas. Es cierto que el sueldo no le daba para tanto, pero a favor, no le importaba seguir viviendo en la casa familiar, su madre no le imponía ninguna regla, se trataban como amigas y a veces hasta salían juntas de alterne.

Yo acabo de bajar del bus, fue casual el encuentro. Me invitó a merendar en su casa. Al entrar al salón observé un palo selfie con el trípode abierto, presto para ser usado. La niña sonrió y me dijo —¿Listo para capturar el momento? Pero no era una simple foto lo que ella tenía en mente. El palo selfie era su herramienta secreta para viajar entre dimensiones dejando atrás lo común para explorar lo desconocido. Y yo acababa de cruzar la frontera entre lo ordinario y lo extraordinario.


Del libro 
Relatos sin ton ni son
©2024 Alonso de Molina
RSC 2404057568618
ISBN: 978-84-128761-0-9





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