domingo, 20 de diciembre de 2020

Quietas en los alambres abejas que suspiran




El invierno se instala oficialmente, mis fibras encogidas se rebelan, no hay Navidad que cien años dure pero ya van más de dos mil y no tiene esto pinta de escampar, la música, las luces, las sonajas te acaban rodeando y para no caer te metes en un globo y te das una vuelta por dentro de tu cabeza a ver si allí te encuentras, recorres los pasillos, abres los armarios, recolocas ideas viejas al lado de las nuevas y si no fuera por el color amarillento de las viejas se diría que son las mismas solo que ahora encoges más el estómago y la sed te llega más de tarde en tarde, soportas mejor las travesías y casi te has habituado a la canción callada de los árboles y a esas largas llanuras de la tarde en que miras al techo y observas que efectivamente te duele el pelo, pero que es la coronilla la que te tiene inquieto, que ya está bien de ser súbdito y afónico, de tener la frente blanca y los ojos sonámbulos, que yo busco la luz de los rosales y el paisaje florido de la nieve, que yo busco el silencio en la palabra y una casa repleta de campanas.

Ahora veo posarse quietas en los alambres abejas que suspiran en una huida interminable.

 

 

 Navidad 2013. Nada ha cambiado en este 2020


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