lunes, 21 de diciembre de 2020

Florecer en el fondo hundido de una botella




Justo en estos momentos entra el invierno.

Nosotros seguimos floreciendo.

Llueve. La espera es un desvelo. Una virtud oscura que gravita sin destino. El terco rigor de un ritmo monocorde que sin perder aplomo nos gravita en la carne, eterno y fugaz, con el complejo de quien se ama a sí mismo.
Cómo eludir el propio asombro, la admiración per se. Y gotea el embeleso como un alba que se abre al sur con la corona puesta, un sol, un compás flamenco para bailar la lluvia antes de que pase la tormenta. Y cantar a la vida su victoria, esgrimir la espada que derrota al llanto. Qué a gustito estamos, le sienta bien a mi pelo mirar a las estrellas debajo del diluvio, mientras el cielo nos trae el maná en forma de lluvia embotellada. Un aguacero que refleja la vida.
Pero hoy toca tejer la soledad. Fatigar las horas. Buscarse en un bramido cóncavo, en una sombra. Así se tejen y destejen las horas, en un mapa infinito donde llega el poniente con sus gramos de olvido y una estrella lasa que observa indiferente el brillo de un cristal al que nadie reclama, como nadie reclama esa noche que abandona las horas en el fondo hundido de una botella, tal vez para florecer.

No pasan los minutos. Todo es un desvelo.

Monólogos ígneos, fragmento.

 

tal que aquel 21 diciembre 2015, hoy 21 12 2020

 

 

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