sábado, 28 de junio de 2025

Killer. Relato de Libertad González





Las escenas se suceden vertiginosas, como un torrente imparable. Las imágenes confusas y extravagantes desfilan ante sus ojos. La gran avalancha de agua desciende por la avenida arrasando todo a su paso. Ella intenta nadar contra la corriente, pero la fuerza del agua la envuelve y la arrastra hasta el precipicio. Lucha desesperada suspendida al borde del acantilado, sus manos resbalan mientras siente la caída inminente.

Desde lo alto, su compañero la observa inmóvil con una sonrisa impasible —“Eres fuerte, tu puedes salir sola”, le dice, con voz lejana perdida entre el rugir del agua. Él no se mueve. ¿Por qué no hace nada por ayudarla? Se pregunta sin comprender su actitud.

La escena cambia de golpe. Ahora ella corre, corre frenética, descalza y desnuda, con el  cabello suelto y despeinado. Siente el frio de la noche sobre su piel  y corre. Corre con un gran cuchillo de cocina en la mano. Corre desorientada por  las calles desiertas. Ve una manzana brillante y tentadora sobre una mesa. Se detiene.  Clava con furia la afilada hoja en el corazón de la manzana. Del fruto brota sangre a borbotones.

Un grito en mitad de la noche rasga la oscuridad de la habitación. Despierta con un sobresalto, la respiración agitada y perlas de sudor cubriendo su cuerpo, el cuello, la frente. A su lado, su compañero duerme, inmóvil, echado en el otro lado de la cama con la espalda vuelta hacia ella. Lo mira con un suspiro de alivio.

 

Se levanta y camina hacia el baño. Abre el grifo, y el agua fría sobre su rostro le calma el ardor de las mejillas. “Gracias a dios, solo fue un sueño”, se repite a sí misma. “Solo un sueño… solo un sueño”, murmura de nuevo, mientras arroja la toalla ensangrentada al cubo de la ropa sucia.

 

“Killer” relato incluido en el libro Cualquier parecido con la Realidad. Treinta y cinco relatos entre lo cotidiano y lo insólito.

Disponible en Amazon tapa blanda y digital.
https://www.amazon.es/Cualquier-Parecido-Realidad-cotidiano-Escritores/dp/8412876164

 

 

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Libertad González

 

Coeditora y colaboradora de la revista De Sur a Sur Poesía y Artes Literaria en la que participa activamente con artículos Editoriales, artículos dedicados el senderismo poético, relatos, poemas, corrección de textos y diseño para De Sur a Sur Ediciones.


Autora de:
Cualquier parecido con la Realidad, libro de relatos.

Poemario Los Pasos Desnudos.
Instantes, libro de Haiku.
Presente en varias antologías y publicaciones.



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Tres poemas de Mayra R. Encarnación Meléndez


Poeta

lúgubre noche de palabras
azota tu conciencia
tocas el lóbulo de tu mirada
desde el espasmo del verbo
zarandeas la cadencia

armonizas el verso

apolillas los recuerdos
retoña la madreselva
cubierta por el hervor del tiempo
deshojas la flor
desparramas la semilla

a paso lánguido
acompasado

viertes cundeamor
buganvilias
girasoles y orquídeas
amapolas y heliconias
sobre la tierra fecunda
repiquetea el ruiseñor
pregonando el despliegue del licor
pregona la palabra
su entrada se aloja
en el vértigo de tu voz
suenan las campanas
desbordadas de conjugación
no es por mí
ni por ti
resuenan por la ausencia
alardean por los caminos truncos
de aquellos que advirtieron
el adiós

Conforme a mi voluntad

Conforme a su voluntad
caminé desabrigada de soplo propio
revestida de galones ancestrales
mi canto destronado
no retoñaba soles
ni pregonaba aires redentores
Conforme a su voluntad
enredé el jardín originario
mientras entretejía la cola de la serpiente
en mis patrias subcutáneas
Conforme a su voluntad
representé los soles truncos
en otros cuerpos
escalé cada peldaño
cargando acuestas la misión de otros
sin aliento
con constelaciones de ligaduras
encandilé mis entrañas
Desafié la naturaleza
-creada-
rescaté a mis ovarios
atasqué el destilar de los tiempos
Conforme a mi voluntad
derribé la sombra de mis veredas
distancié mi paso del sol envilecido
despedacé mis ornamentos
apagué el ocaso
cargué con los libros
el ropero viejo
mis piezas artesanales
mi cuaderno de anotaciones
el cajón del olvido…
Repiqué las sonajas de mis muertos

Respiré la estela de cada atadura
Resoplé el atajo de mis veredas
Embestí mi presencia

P.D. Conforme a mi voluntad.

Nombrarme

Fundirme en el silencio
de mi piel
hasta desterrar el laberinto
de mi ceguera
Labro los cimientos
Abro las zanjas de olvidos
Requiebro la ensoñación
de otros cantos de sirena
Fundirme en el silencio de mi sombra
hasta eternizar en el camino solitario
nombrar mi paso
reavivar mi existencia
Nom
      brar
            me




Mayra R. Encarnación Meléndez
, trabaja en la Universidad de Puerto Rico en Carolina. En octubre de 2014 participó en el 13° Encuentro Internacional de Poetas y Narradores de Las Dos Orillas, y el 3er Congreso Americano de Literatura, celebrado en Uruguay.






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La dama del carrito. Relato de Eladia Tristán



Aquella mañana desperté embotada, por más que el sol luciera espléndido. Era uno de esos días en que nada parece justificar la tremenda nube gris que pesa sobre tu cabeza y andas buscando escurridizas razones para entender cómo te levantaste con el ánimo tan distante al del día anterior. Me ocurre a menudo. En días así suelo salir a la calle, tal vez para descartar que entre las cuatro paredes que delimitan mi existencia, se pueda encontrar la causa de esa neblina intelectual y moral que ocasionalmente me visita. Se trata de salir, salir de casa para exponer el rostro al aire, con la esperanza de que una brisa amable barra los nubarrones de mi alma.

            Esos días todo luce opaco, como contagiado por la misma espesura con la que yo amanezco. Y la alegría que observo en las gentes que transitan ajenas a mi insatisfacción me parece artificial y escurridiza. En esos días mi vista enfoca afines rostros demacrados de sonrisas ausentes, miradas perdidas, e incluso miradas que escrutan con descaro el dolor de los demás. Y yo siento que la vida me está mostrando su peor disfraz.

            Salí una mañana cualquiera de invierno con intención de distanciarme de mi morada y distraer mis pensamientos entre los stands de una ocasional feria del libro. Apenas había perdido de vista mi calle cuando un inoportuno tirón muscular me dejó casi inmovilizada y hube de renunciar a caminar, no así a mi objetivo matinal. El transporte público se presentaba como la única forma de llegar al centro de la ciudad y perderme entre casetas de libros antiguos, Premios Planeta, caprichosas ediciones, literatura infantil y un sinfín de cuadernos de papel para aficionados al arte de escribir a mano.

            Y siguiendo con la tónica de la mañana, la parada del bus, casi vacía, vaticinaba una larga espera al sol de un invierno insultantemente cálido. Sólo una mujer de atuendo anodino, armada con un vetusto carrito de la compra esperaba pacientemente la llegada del transporte. Mi mala memoria también tiene honrosas excepciones y reconocí en ella a una paciente psiquiátrica de mi época laboral anterior. Enseguida me vino a la mente su diagnóstico, aunque lamentablemente no su nombre. Recordé de ella anécdotas –los pacientes psiquiátricos siempre regalan anécdotas– así como el rapado y tinte de pelo que delataban la extraña situación en la que se encontraba su mente. También recordé su alta inteligencia y el porte educado con el que nos exponía sus estrafalarios planteamientos. Durante unos meses tuvimos que lidiar a menudo con esta mujer que, convencida de haber nacido para ayudar a los demás –algo que profesaba como una misión divina–,  trataba de persuadir a mi equipo para que la nombraran cuidadora de un familiar afectado de Alzheimer. Ella por su parte tenía reconocido un grado II de dependencia según la Ley del mismo nombre. Nada más llegar a la parada, traté inútilmente de buscar entre los recovecos de mi cerebro el nombre de la paciente, pero la información que me llegaba era un sinfín de datos diagnósticos y anécdotas que esta peculiar mujer protagonizó durante los meses que no anduvo recluida en una vivienda supervisada de la fundación para la integración social de personas con enfermedad mental.

            La mujer me miró directamente a los ojos y me preguntó qué línea de autobús esperaba. ¡Si supiera que lo que más me urgía era encontrar entre mis neuronas un nombre con el que enterrar tanta información sobre su persona! Se mostraba educada y mantenía una charla inteligente tal como yo la percibía diez años atrás. Se había dejado crecer el cabello, aunque ahora lo  sometía a un anticuado recogido que perfilaba un rostro extraño pero bondadoso. Su pregunta era una invitación al diálogo. No se conformó con saber la línea de autobús que yo tenía intención de coger, sino que me informó de haberlo visto pasar minutos antes de mi llegada y trató de amenizar la posible larga espera que yo tendría que soportar. Me tiró de la lengua e invitó a mantener una conversación que por sencilla que pareciera, no era en absoluto banal. Yo le hablé de las ventajas de caminar y ella me respondió con las bondades de la aceptación cuando algo deja de resultarte accesible. Me contó su plan de trasbordos:

            –Siempre cojo un autobús –me dijo– pero hoy tengo que tomar dos, en la siguiente parada enlazo con la línea tres que me deja muy cerca de mi casa.

            Fue el inicio de un diálogo acerca del calor excesivo a primeros de diciembre como efecto del cambio climático, de la necesidad de no usar el coche a cada momento, de los problemas de la contaminación a nivel mundial, de lo inaccesible de los coches eléctricos para la clase trabajadora, del dolor de los océanos... Ella procuró en todo momento calmar mi posible contrariedad por la espera y me sorprendió con un:

            –Si tiene usted internet en el móvil puede consultar la hora de llegada, así sabrá cuánto tiempo tiene que esperar.

            Reconocí enseguida unas habilidades sociales que consideraba perdidas en estos tiempos.

            Me contó que no pagaba internet y por eso no podía hacer la consulta en su propio celular. Me habló de la aplicación y se ofreció para ayudarme a instalarla en el mío, a consultarla y a pinchar en la opción correcta. ¡Ya está! Faltaban sólo ocho minutos. Comentamos que era grato esperar al sol en invierno y ella me hizo saber que el tiempo de espera era solo aproximado, que lo calculaba una máquina y a veces erraba. Percibí su empatía, incluso con las "máquinas". Fue ella quien me advirtió de que mi autobús estaba llegando y que habría de estar atenta pues si no le hacía una señal de parada, el conductor podría pasar de largo. Lo dijo con ternura, sin un ápice de tomarme por alguien que no supiera coger un trasporte público. O más aún, con la inteligencia natural de quien conoce las almas humanas y se siente llamada a cuidarlas. Yo subí primero y me acomodé en mi asiento. Le ofrecí a ella uno libre frente al mío, pero me recordó que se bajaba en la siguiente parada y se quedó de pie cerca de la puerta.

            Anduve todo el trayecto tratando sin resultado de encontrar su nombre. En mi fuero interno la bauticé como "la dama del carrito" por afinidad con el cuento de Chéjov y así pude despojar de mi memoria el diagnóstico psiquiátrico que le daba identidad. Durante días recordé los quince minutos compartidos con esa peculiar mujer en la parada del autobús. Y durante mucho tiempo, creo, recordaré su empatía, algo imprescindible para el cuidado de los demás. Una empatía que hizo olvidarme de los nubarrones con los que mi espíritu se despertó aquella mañana de diciembre, y disfrutar de un día espléndido, enseñándome "las bondades de la aceptación cuando algo deja de serte accesible".

 ***



Eladia Tristán (Almería)
, psicóloga, ha trabajado con la infancia más desfavorecida, una experiencia apasionante que le ha nutrido de historias de una sensibilidad excepcional. Desde muy joven, el amor por la literatura le ha permitido escapar, a través de la novela y el relato, de los claroscuros de la vida diaria, surgiendo así la necesidad de poner en palabras muchas historias gestadas a lo largo de los años, historias que tomaban vida propia, como si exigieran darse una segunda lectura y liberarse de sí mismas adoptando otro formato.


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viernes, 27 de junio de 2025

Hay un acosador entre los profes. Dora Isabel Berdugo Iriarte



Julián tiene 33 años, es bien parecido, responsable y respetuoso, sin duda alguna,

por eso, se ganó la confianza y el cariño de sus compañeras, quienes lo veían como su protector y líder. Luego de muchos tropiezos, decidió hacer una tecnología en turismo, yo lo conocí en el curso de Turismo Cultural, donde fui su maestra. Rápidamente tuvimos empatía, sin saber que era pariente de Jaime uno de mis estudiantes más queridos en otra universidad, donde trabajé, hacía algún tiempo. Cuando supimos esto, la confianza fue creciendo, al punto, que me convirtió en su consejera.

 

Un día a eso de las siete de la mañana, cuando me disponía a subir al aula, para mi primera clase de la mañana, Julián me interceptó cariacontecido a la subida de las escaleras y me comentó muy preocupado que había entre los profes un acosador. Julián tenía evidencias de las capturas y conversaciones en su móvil.

Me dijo deseaba denunciar este hecho. Le dije que agotáramos el conducto regular y estuvo de acuerdo con eso. Fuimos al decanato, el buscó a las víctimas, se les pidió que hicieran la denuncia formal, la decana le dio todas las garantías, pero las jóvenes decidieron callar.

 

Todos quedamos perplejos, cuando escuchamos que no harían ninguna denuncia,

le dijeron muy molestas a la decana que Julián estaba celosos del profe Rigo, porque ellas ya no querían andar con él, así que todo lo dicho por Julián, era una mentira. Según las chicas el profe era bueno y respetuoso con ellas. Entonces las confrontamos con las capturas de pantalla del móvil de Julián, enviadas por ellas mismas pidiendo su ayuda y todo se puso peor.

 

Gritaron, patalearon, lanzaron contra Julián cualquier cantidad de improperios y a al resto nos pidieron que no siguiéramos indagando, porque todo había sido un malentendido. Como las sabíamos víctimas intentamos persuadirlas, se les garantizó el apoyo de la institución, ya que, Julián era amigo personal de los dueños de la universidad y la decana gozaba de credibilidad ante las autoridades de esta, pero ellas alegaron que tenían derecho a su intimidad, ya eran mayores de edad y todo lo que se tenía como evidencias era consensuado.

 

Con ese discurso negacionista, amparadas en sus derechos fundamentales, pese a las evidencias contundentes en contra del maestro Rigo, nos tocó respetar el derecho a la privacidad. Indignados y maniatados, los presentes en esa reunión, no entendimos por qué decidieron proteger al victimario. Algo extraño sucede en la mente de quien no denuncia el abuso, pero gracias al silencio de las víctimas, hoy sigue en la universidad, un acosador identificado entre los profes

 

Dora Isabel Berdugo Iriarte

Cartagena de Indias, 20 de Julio del 2021




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Tres Poemas del Poeta Cubano Nelson Roque Pereira


UN TERCER OJO

 

busca la piedra construida
por el temblor del agua.
Antonio Gamoneda


No toda la célula de la circunferencia de la mirada
se desglosa en el derecho y el envés del día en calma,
el espacio donde se aceitan otras estadías del ser  
con las sustancias de las presiones del cuerpo.
Mientras ven los peces del estanque creo tener ojos
para la fugacidad y la persecución de sus aguas,
caer en la trampa dialéctica de albergar un tercer ojo
donde posar en confianza con atisbos de párpados
el corpus de lo sublime en la costura de los dobladillos.
Todo mientras caigo tumor desde el piso de encima,
olvidado de que voy descalzo por este lado del puerto
donde no todos los ojos ceden al desgarre
de la herida frente a la sutura ardiente,
a las espigas de la cosecha ahogadas en el granero,
ni al destello antiguo de la barca que se inclina
cuando lanzo con flaqueza mis botellas al mar
en la distorsión de ver el cosmos de lo resolutivo.


LOS PÉTALOS DEL PAVIMENTO

 

todo ya está escrito, y borrado,
y vuelto a escribir
Gastón Baquero


En algo de tierra soy vertedero
donde los hijos arrojan su moneda falsa,
y los límites aguardan con intentos
sequías de relampagos en lluvias de carroñas,
el yeso de los pájaros que olvidaron volar
el pasado y el presente por un sendero futuro.
Aquí yacen cartas escritas a oscuras
con tinta de raíces en el mar,
y la inconclusa carne de la burocracia
en los espejos que devuelve el rostro
partido en ocho mundos.
Soy la cicatriz que aguarda
lo que repudiaron los ríos de la memoria,
preguntas y respuestas sin tornillos,
los fósforos usados al incendiar la cumbre
tras el párpado agónico de la palabra.
Pero en los circuitos de la basura
algo brota con rabia al romperse los cristales,
sus brillos son hojas de un territorio donde
una idea forcejea entre latas semi vacías.
No me llamen al páramo,
voy del vientre al ensayo del conocimiento
de un ciclo de una primavera salvaje,
esa que nace de todo lo que nadie quiere
y donde lo inútil es parto y fruto
del polvo que asciende en su canción de trigo.


LA ACIDEZ DEL JARRO


Yo no tengo esperanza sino una pasión
cuyo nombre tú no vas a decirme.
Antonio Gamoneda


Con miedo a la palabra adulto
me despojo de la clemencia y el bautizo
en los círculos sucesivos de la respiración.
Otros cuerpos se ha desollado
en el equívoco de los pulmones,
y han vuelto con la carga del murmullo
tal vez del viento o de las aguas
en la sombra pensativa de las ataduras.
Un hombre inesperado me persigue
y de vez en cuando sacude sus cuchillos
con el grito en la música de Springsteen.
No sé otra desaparición más suave
que la que desciende a ras del árbol,
como no pretendo subas el andamio
de los versos a beber las cenizas
de los labios en el temblor de los viernes,
no habré de renunciar al censo de los días
y a las piedras que me dejó Esenin,
colmar de huesos la quietud del laberinto,
sin más palabras con el enfermo
que la acidez del vacío en un solo jarro.



Perfil del autor:


Nelson Roque Pereira (Ciego de Ávila, Cuba, 1966), Poeta e Investigador histórico; pertenece a la Organización internacional POETAP y a ELILUC; premiado en concursos, su obra ha sido publicada en varios medios, Libro Internacional Puente de palabras XIII 2016 Argentina; en Antología mundial Poetas siglo veintiuno, España; El abrazo del Nogal de Daimuz, antología Lorquiana tomo II, España; Ágora de la poesía, España; Alhucema Revista Internacional de Teatro y Literatura 2019, España; en varias antologías foráneas y en páginas Web de Cuba y del extranjero y en su poemario "Por los cauces de la noche", España, 2020.




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