domingo, 12 de octubre de 2025

Poema de Alonso de Molina. No es de una enfermedad de lo deba curarme


En De Sur a Sur Revista de Poesía y Artes Literarias, el poeta español Alonso de Molina homenajea a Jaime Sabines Gutiérrez (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 25 de marzo de 1926-Ciudad de México; 19 de marzo de 1999), poeta y político mexicano, reconocido como uno de los grandes poetas del siglo XX.




A Sabines al cumplirse varios lustros (26 años) de su marcha

"Estoy metido en política
Estoy metido en política otra vez.
Sé que no sirvo para nada, pero me utilizan
y me exhiben:


“Poeta, de la familia mariposa-circense,
atravesado por un alfiler, vitrina 5”.
(Voy, con ustedes, a verme)"


De tener que creer,
de optar por una religión
profesaría la divina fe de los elementos:

buscaría la perfección.

Hablaría del bien y de mal
sin conocer el bien ni juzgar el mal;
me comería todos los pecados del mundo
(y fecalmente los descargaría en su propia impiedad)
y tan vulgares los haría
que nadie volvería a creer en las culpas.

Después escogería la certeza divina
de los locos poetas (por cierto, ¿quién designa a los poetas?),
esos subordinados celestes de dios
que no aprietan sus dientes terrenales
en los perdidos páramos de la fe
ni dan la mano sin realzar sus alabanzas.

Huérfano de emociones,
sin la naturaleza de la poesía,
nos hallamos desérticos, baldíos y desnudos:

un modelo uniforme de estéril melodía.

Sin cantos que alabar sobre nosotros mismos,
nuestra sombra dirige un cortejo de árboles,
distraídos, sin savia,
bailando insatisfechos de hierbas y preceptos;
los músculos vacíos sin creatina feroz,
sin cosas importantes que atender
(por cierto, ¿quién decide qué cosas son importantes?).

¿Y qué elegantes manos no se deforman ni se manchan?.
Tampoco se destiñen en la lluvia los párpados mestizos
ni un ánfora es la incierta mujer
con los brazos abiertos a la espera de semen.
Que una palabra dulce es un paisaje abierto al corazón de la tierra,
a un enorme jardín sin esclavos ni exilios ni rendiciones ni afonías,
es la luz despejada de puertas y de úteros.

Soy demasiado tonto para creer en mí.
Sin matar una mosca o sentir culpa por nada,
no suelo respetar las reglas -aunque las conozca todas-;
así y todo, una víbora
podrá un día morderme algún miembro
para que únicamente los puros
consigan derribarme,
echarme a un lado y taponarme alguna herida.

No voy a detener mis pasos
ni a elevar mi silencio a ninguna cumbre,
no es de una enfermedad de lo que deba curarme…

renegamos de todo
y luego nos morimos de soledad.

Cucha Sabines, mucho aprendí de dios, de ti.

 

©Alonso de Molina

Jaime Sabines Gutiérrez (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 25 de marzo de 1926-Ciudad de México; 19 de marzo de 1999) fue un poeta y político mexicano, reconocido como uno de los grandes poetas mexicanos del siglo XX

 


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jueves, 2 de octubre de 2025

Requiescat in pace. Relato de Rocío Ruiz Corredor



He pedido a todos que nos dejen solos esta última noche hasta el amanecer. Tú ahí tumbado y yo aquí mirándote de arriba abajo, en la penumbra de esta alcoba a la luz de las velas, donde necesito vaciar el nudo que me atenaza la garganta, antes de que partas definitivamente. Tus manos están heladas, las tenías ardiendo hace un rato, quiero besarlas por última vez, pero no de hinojos, que tengo las rodillas hechas polvo y me cuesta mucho levantarme, y es que los años no pasan en balde.

 

        Un escalofrío recorre todo mi cuerpo al posar mis labios en tu marmórea frente, de lo helada que la tienes, como el resto de tu yerto cuerpo. Tu luenga barba ya no brilla como lo hacía antaño.

 

¡Qué ironía de la vida! Tú que has librado mil batallas y en todas has salido victorioso, no has sido capaz de vencer esta maldita herida infectada, tan pequeña pero tan mortal.

 

 

¡Oh Dios mío! Qué sola me dejas.

 

 

        He sufrido mucho porque no estabas nunca presente, que ibas y venías de un lado a otro, siempre viajando, que me tenías con el corazón en un puño, por esos caminos de Dios. Tan pronto estabas en Burgos como en Zaragoza, y yo sola con las niñas en Palencia, que no las viste crecer. Y qué me dices cuando te empeñaste en ir hasta Valencia, por unos meses decías, por esas tierras de moros, apresando y conquistando, que pasaste más de tres años en ganar aquellas villas. Me dijiste con lágrimas en los ojos: “Tenemos que separarnos, ya lo ves, los dos en vida, a ti te toca quedarte, a mí me toca la ida”. Pues te digo una cosa, que mil años han de pasar y no te podría perdonar, que los pasé encerrada entre cuatro paredes, estando en lo mejor de la vida. Que has de saber, que confundido estabas si creías que estaba bordando estolas para santos, que las agujas no se han hecho para mí. Mientras nuestras hijas bordaban su ajuar, yo deslizaba la pluma sobre alisados pergaminos que me salvaron de morir de melancolía. Cual Penélope, esperando su Ulises, yo tejía letras, las entrelazaba y después las volcaba sobre la fina piel de vitelo neonato, aunque luego, para que nadie lo leyera, los quemaba arrojándolos al fuego. Tenías que haber visto cómo ardían con el sebo, ascendían las pavesas que volátiles se esfumaban por la chimenea, como mis sueños.

 

Es que amor mío, mientras tú matabas moros yo mataba, de la mejor manera, el tiempo. ¡Ay! Si no hubiera sido por los libros del monasterio, no sé que hubiera hecho, porque los robaba del Scriptorium, que no me dejaste ni un marco de plata ni para comprar un folio apergaminado, que tú, te lo digo ahora que nadie nos escucha, no eras muy espléndido que digamos, que dejaste a los monjes de San Pedro de Cardeña tan solo mil marcos para que nos cuidasen a las tres, hasta tu vuelta, pues no nos llegó ni para alimentarnos seis meses, que no te cuento el hambre que pasamos, aunque luego, gracias a Dios, llegó tu primo Alvar Fáñez, por tu mandato, con oro y plata fina. Siempre tan atento, cumpliendo tus órdenes a rajatabla. Tenías que haberle visto, tan apuesto en su caballo, muy bien enfrenado, con la espada del arzón colgando, hincando las dos rodillas me besaba las dos manos, y empezó a hablar tan discreto, que yo no sabía dónde mirar con tan esforzado varón. Me mandabas a tu primo hermano para traerme noticas tuyas y llevarte él las mías, pero yo te quería a ti y tú diciendo que él era como tu mano derecha, tu brazo diestro, pero yo en aquel tiempo lo que ansiaba tener era todo tu cuerpo.

 

        ¡Caramba! Me estoy quedando helada del aire tan gélido que entra por esa ojiva, en esta noche de dolor de Jueves Santo, tan frío como tu frente o tus rígidas manos.

 

        Te digo otra cosa Rodrigo, que no ha sido fácil vivir así contigo de la Zeca a la Meca, que parecía que tenías culo de mal asiento. Si es que ya me lo advirtió mi madre, que en Gloria esté, y para eso tenía un ojo que no se le escapaba una: ”Mira hija, abre los ojos, no seas necia, que este hombre no te conviene, que ahora está con unos y luego con otros, queriendo complacer a todos, que solo va por su interés y sirve al que más le paga”, pero, a la sazón, yo no lo veía porque yo te quería y no veía con la venda que tenía en los ojos, y no es que no tuviese ningún otro pretendiente, que sin ir más lejos, mira tu vasallo Pedro Bermúdez, tenías que haber visto cómo se le iban los ojos al escote de mi brial, con decirte que en más de una ocasión tuve que pararle los pies. Ahora que lo pienso, tú sin embargo no paraste los pies a Urraca, que ya sé que Zamora no se conquistó en una hora, pero a la lagarta de su señora le bastaron cinco minutos para conquistarte ¡menuda pájara estaba hecha esa Urraca!, hay que ver cómo te tiraba los tejos y tú cómo los recogías, que yo no soy tonta aunque lo pareciera, que te gustaba más que a nuestro rey Don Alfonso, la mora Zaida. ¿Qué tendrán las moras que no tengamos las cristianas? Porque tu primo me confesó en una de sus visitas: “ Abrid los ojos Jimena, que vuestro marido  no está precisamente a la luna de Valencia y a vos os tiene aquí a dos velas…”

 

 

        ¡Cómo pasa veloz la noche, ya no tengo tiempo para  reproches! No quiero que te vayas todavía, ¡Cielo santo, ya canta el gallo! Tenemos que despedirnos amor mío, el final se acerca. Ya no sale de tus ojos llanto, que mucho héroe, mucho héroe, pero manantiales parecían cuando te cerraron las puertas en toda Castilla, que eso me lo contó tu primo, y es que, aunque parecías de hierro, debajo de esa armadura palpitaba un corazón blando, ahora parado. Te vi mojar tus barbas con amargas lágrimas cuando la afrenta a nuestras hijas ¡ En mala hora bordaron el ajuar, que nos salieron los yernos rana!

 

 

        Ya vuelve a cantar el gallo y todavía no te he contado lo que me oprime el pecho. Tengo que seguir vaciando todo lo que me pesa como un lastre, que ya va siendo hora de ir soltándolo. Pues vuelvo a acordarme nuevamente de mi madre, cuando me decía: “Jimena, estate atenta, que a la prima el primo se le arrima, y tu marido está ciego, no lo ve porque le ciega el oro del moro…” y lo que lograste es que tu brazo diestro, me trajera los abrazos que de ti me faltaron, que tú se lo decías metafóricamente y él se lo tomaba al pie de la letra. Menuda labia tenía Minaya, como quería que familiarmente le llamara, que no solo conquistó Guadalajara, sino a moras y a cristianas con sus palabras, que en eso estarás de acuerdo conmigo, que tú muy hábil con las armas, que en eso nadie te gana, pero muy parco en palabras. Cuando fue a por nosotras al monasterio para traernos junto a ti a Valencia, el Cielo se iluminó de nuevo para mí, estallando mi corazón de júbilo porque iba a volver a verte después de tanto tiempo. Minaya, tan culto tan caballero, me hablaba y me hablaba, haciendo más corto el camino, y yo me quedaba embobada escuchándole, en el fondo, te confieso ahora, que lo que realmente ansiaba es que faltasen mil leguas para atrasar la llegada, porque ¡ay! Rodrigo de mi alma, la galantería de tu primo, sus calzas prietas, su gallardía.. No puedo seguir…pero tengo que hacerlo.

 

 

Mi mula necesitaba abrevar su sed, además de descansar pues sus pezuñas sangraban de andar por esos caminos pedregosos, yo me quejaba continuamente, pero tu primo me animaba a continuar: “Si os hieren las piedras del camino, sonreíd porque camináis”.  Qué sabia reflexión, y es que tiene una labia y un piquito de oro. A lo lejos divisamos una frondosa vega, junto a un río y allí paramos, me ayudó a descabalgar, y yo bajé de mi mula casi flotando, las piernas me temblaban al sentir sus manos en mi cintura.

 

 

¡Virgen Santa! Que ya se están apagando los cirios y yo todavía no lo he soltado. Ya se escuchan los pasos, vienen a echarte la tapa porque el alba está rayando.

 

 

        Aquella noche la luna rielaba sobre las aguas del río, junto a la frondosa vega. Yo no sé lo que me pasó, te lo juro amor mío, pero allí sobre la fresca hierba “tu brazo diestro” me abrazaba con el siniestro, apeándome el trato: “tu marido no valora lo que tiene, con lo hermosa que tú eres. Es un necio porque cuando las mujeres son hermosas en sus cuerpos, han de excusar sus maridos todo fornicio” y a mí se me encendieron las mejillas y me derretí por dentro. Aunque yo quería soltarme, te lo juro, salir por espuelas, pero no lo hice, era joven todavía y no era de piedra. Quizá tu larga ausencia o la tentación que nos estaba rondando por el camino, pude haberlo evitado, pero caí de lleno en sus brazos. Ya no tengo tiempo de contarte lo que pasó bajo las estrellas, en aquella bucólica vega, además te revolverías en la caja y hasta eras capaz de levantar la cabeza.

 

 

Que yo no tuve la culpa Rodrigo, que mandaras a buscarme a tu primo hermano, el de la atrevida lanza. Fuiste tú el culpable, poniendo en él tu razón y tu esperanza, y él quiso siempre servirte como leal vasallo y mira, al final nos sirvió cumplidamente a los dos.

 

 

Por lo de aquella noche, descansa en paz, a nadie se lo he contado, porque lo que pasó en la vega se quedó en la vega.

 

 

        Las campanas llaman a maitines, Adiós mi amor, Mío Cid Requiescat in pace.

 

Rocío Ruiz Corredor


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miércoles, 1 de octubre de 2025

La paz como forma de sentir, pensar y leer. Alonso de Molina


En De Sur a Sur Poesía y Artes Literarias, artículo respecto al escenario actual del Premio Nobel 2025. "La paz como forma de sentir, pensar y leer" La palabra “paz” ya no es un concepto fijo. Hoy es un campo de tensiones, contradicciones y posibilidades éticas. Vivimos en un mundo atravesado por guerras visibles… y por violencias más sutiles: económicas, ecológicas, simbólicas.



Personalmente la paz siempre me ha llevado a la acción a través de la palabra, a través de la poesía. He promovido varias antologías poéticas en este sentido, entre otras:

-Instrumentos de Paz

-Camino de Armonía

-Día Internacional de la palabra

 

La paz en el escenario actual


La concesión del Premio Nobel de la Paz 2025 a María Corina Machado ha provocado, en contra previsión del presidente de EEUU Donald Trump un eco internacional intenso.


No solo por su peso político, sino también por su carga simbólica y narrativa.


El Comité Noruego justificó su decisión destacando su “incansable labor en la promoción de los derechos democráticos del pueblo venezolano y su lucha por lograr una transición justa y pacífica de la dictadura a la democracia”.


Desde una perspectiva histórica y literaria, este galardón se puede leer como una apuesta por la resistencia civil, por la palabra sostenida en medio del miedo.


Su reacción fue breve, y profundamente humana:


“Estoy en shock… esto es un logro para toda la sociedad, yo solo soy una persona”.


Esa frase resuena más allá de la política.


Habla de una paz compartida, construida entre muchos.


No faltaron críticas, claro. Algunos cuestionaron si el Nobel priorizó la política sobre la paz.


Pero incluso ese debate es valioso: nos obliga a preguntarnos qué significa hoy “la paz” y quiénes la encarnan.

 


Redefinir la paz


La palabra “paz” ya no es un concepto fijo.


Hoy es un campo de tensiones, contradicciones y posibilidades éticas.


Vivimos en un mundo atravesado por guerras visibles… y por violencias más sutiles: económicas, ecológicas, simbólicas.


Por eso la paz no puede reducirse a la ausencia de conflicto.


Debemos repensarla como una práctica activa, situada… incluso poética.


Podemos mirarla desde tres ángulos:



1.     Paz como justicia estructural


Ya no basta con tratados o discursos.


La paz exige desmontar sistemas de opresión: racismo, extractivismo[1], patriarcado, colonialismo.


También exige combatir la desinformación y el odio, incluso en el mundo digital.



2.     Paz como proceso, no como estado


No existe una sola paz.


Cada comunidad, cada territorio, la construye a su manera.


La paz no es un acto único: es una constancia viva.



3.     Paz como diálogo radical


Juan Manuel Santos decía: “El arma más poderosa es sentarse a dialogar”.


Pero ese diálogo implica reconocer heridas, asumir responsabilidades y abrirse a la escucha.


No es cómodo. Pero es transformador.



Quiénes encarnan hoy la paz?



En este mapa nuevo, la paz tiene muchos rostros:



•Líderes disidentes y no convencionales, como Machado, Malala o Greta Thunberg.


Ellas representan una paz que incomoda, que desafía estructuras de poder.


No pacifican: interpelan.



•Comunidades invisibilizadas: pueblos indígenas, defensoras del agua, madres buscadoras, periodistas de frontera.


Ellas practican una paz cotidiana, silenciosa, sostenida con el cuerpo.



•Jóvenes y educadores.


Porque sembrar una cultura de paz no es adoctrinar: es enseñar a disentir sin destruir, a convivir con la diferencia.



La paz como práctica crítica y poética, Gandhi lo dijo con meridiana claridad:


“No hay caminos para la paz, la paz es el camino.”


No es una meta futura, sino una forma de estar en el mundo ahora.


Nos invita a encarnar la coherencia entre medios y fines, a no postergar la justicia ni condicionar la ternura.


Hoy, cuando tantas luchas se libran “en nombre de la paz” pero con métodos excluyentes o violentos, esta idea cobra fuerza.


Nos recuerda que no basta con desearla: hay que practicarla en cada gesto, en cada palabra… incluso en cada lectura.



Propongo tres dimensiones para pensar esta práctica desde la lectura y la crítica:


Sentir en paz — la crítica como cuidado


Leer un poema no es diseccionarlo. Es acercarse con respeto, como quien escucha algo frágil.


Gloria Fuertes lo expresó así:


“Mi partido es la Paz. Yo soy su líder. No pido votos, pido botas para los descalzos —que todavía hay muchos—”.


La crítica ética puede ser esas botas: protección, acompañamiento, sostén.



Pensar en paz — la filosofía del riesgo


Pensar en paz no es evitar el conflicto, sino asumirlo con honestidad.


Miguel Hernández escribió:


“Tristes guerras / si no es amor la empresa. / Tristes, tristes.”


Nombrar sin herir. Disentir sin aplastar.


Eso también es paz.



Leer en paz — la comunidad como horizonte


Leer en paz es leer con otros, abrir el texto a la multiplicidad de miradas. Rafael Alberti lo intuyó al enumerar:


“Paz para el aire, paz para el viento,


paz para el agua, paz para el fuego”.


La lectura compartida es atmósfera: un espacio donde las palabras respiran.


Incluso poemas íntimos, como el “Ya no” de Idea Vilariño, muestran que la paz también puede habitar el duelo, el silencio, la aceptación:


No me abrazarás nunca


como esa noche nunca.


Y un proverbio africano lo resume con sabiduría circular:


Cuando hay paz en el hogar, hay paz en la comunidad.


Cuando hay paz en la comunidad, hay paz en la nación.


Cuando hay paz en la nación, hay paz en el mundo.”


La crítica, como la paz, empieza en casa.


Y, cómo no, en la propia naturaleza:
Lo que es bueno para el panal es bueno para la abeja, lo que es bueno para la abeja es bueno para el panal.


Invitación abierta


Este texto no busca tener la última palabra,


pretende abrir palabras.


Si alguna vez un poema te habló en voz baja,

si alguna vez una lectura te cuidó en lugar de juzgarte,
entonces esta reflexión también es para ti.



La paz como forma de sentir, pensar y leer…

empieza aquí, en este gesto íntimo

de escuchar con atención,

de cuidar la palabra…

y dejarse cuidar por ella.



Namasté

 



[1] ESTRACTIVISMO es el modelo económico basado en la explotación intensiva y a gran escala de recursos naturales, como minerales, petróleo, productos agrícolas o forestales. Este modelo se caracteriza por la exportación de las materias primas con un procesamiento mínimo, lo que a menudo genera "economías de enclave" y poca diversificación económica, además de graves conflictos socioambientales y violaciones de derechos humanos.

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Foto: Carlos Díaz, vía Wikimedia Commons. Licencia CC BY 2.0.

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martes, 30 de septiembre de 2025

El eterno drama del desayuno y otros infortunios ocasionales. Javier Amable


Efectivamente, el eterno drama del desayuno.
Sí, el universo conspira contra nosotros, no creo en la casualidad ni en la mala suerte, en cuestión de tostadas con mantequilla, la física nos toma el pelo una vez sí y otra también.


¿Qué está pasando realmente?

•    Altura de la mesa: Las mesas suelen tener una altura de entre 70 y 90 cm. Desde esa distancia, la tostada tiene tiempo para girar aproximadamente medio giro antes de tocar el suelo.
•    Momento angular: Al deslizarse o caerse, la tostada no cae plana, sino que empieza a rotar. Esa rotación, combinada con la altura, hace que el lado que estaba arriba (el de la mantequilla) termine abajo.
•    No es el peso de la mantequilla: Aunque muchos piensan que el lado untado pesa más, su influencia sobre el centro de gravedad es mínima. El giro es lo que realmente determina cómo cae.

Curiosidad científica

Este fenómeno ha sido estudiado seriamente. De hecho, el físico Robert Matthews ganó un premio Nobel en 1996 por investigar por qué la tostada cae del lado untado. Y sí, si la mesa fuera más alta, la tostada podría completar un giro completo y caer con la mantequilla hacia arriba.

La principal razón de que la tostada caiga siempre por el lado que esté untado, es la altura de la mesa (Matthews, 1995). Las tostadas se colocan sobre la mesa con el lado untado hacia arriba.
¿Cómo podríamos remediarlo?
¿Una mesa más alta? ¿Una tostada con más grueso de mantequilla?

Pues no, según parece no es la Ley de Murphy… es la ley de la física haciendo su espectáculo cada mañana.

Pero no nos alarmemos, sabemos algunos trucos para evitar el desastre.
Usa platos más grandes: Si la tostada tiene más superficie donde aterrizar, hay menos probabilidad de que se caiga.

Evita el borde de la mesa: Coloca la tostada más lejos del borde para reducir el riesgo de caída accidental.

Aumenta la altura de caída (ponla en algún lugar más alto de la mesa): Si la tostada cae desde más alto, puede completar una rotación completa y aterrizar con la mantequilla hacia arriba. Pero claro, esto no es muy práctico ni recomendable en el día a día.

Usa tostadas más pequeñas o más gruesas: Cambiar la masa y el tamaño puede alterar el centro de gravedad y la velocidad de rotación.

Pon la mantequilla en el centro: Si la untas solo en el centro, el peso se distribuye mejor y puede influir en cómo gira.

Técnica ninja, infalible: Si ves que va a caer, ¡lánzate como un héroe del desayuno y atrápala al vuelo! , pero cuidado, no recomendado si tienes café caliente en la otra mano.

 

Infortunios diversos que debemos hacer frente sí o sí.
Pero, de alguna manera y lamentablemente, en el día a día hay más infortunios al estilo de "si la tostada cae al suelo, siempre cae del lado de la mantequilla":

-Si un día te levantas con ganas de procrastinar, al día siguiente te levantarás con ganas de procrastinar sobre la procrastinación.
-La clave para entender el universo es saber que nunca lo entenderás del todo, y eso es lo más maravilloso.
-Si buscas algo que has perdido, siempre estará en el último lugar donde mires... porque ahí es donde dejas de buscar.
-La vida es como una caja de bombones: nunca sabes cuándo te tocará uno que no te gusta, pero siempre te comes el resto.
-Si un problema tiene solución, ¿para qué preocuparse? Y si no la tiene, ¿para qué preocuparse?
-El mejor momento para empezar algo nuevo es siempre ayer, pero como eso no es posible, el segundo mejor momento es ahora... o quizás mañana.
-Si te caes siete veces, levántate ocho, pero asegúrate de que la octava vez sea para sentarte y descansar.
-La verdad duele, pero la mentira te hace tropezar con ella más tarde o más temprano.
-Si algo puede salir mal, saldrá mal... y probablemente en el momento más inoportuno posible.-
-La felicidad es como la señal de internet: a veces va genial, a veces se corta, y otras veces, simplemente no hay.

Espero que te gusten y te inspiren. ¡Son frases que invitan a la reflexión con una sonrisa!

 

Imagen: Pxbay


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Canto Menor, Poemas de Yuleisy Cruz Lezcano


Canto menor

de Yuleisy Cruz Lezcano


Isla sumergida


La ruta se ha perdido,

y el eco del timón canta 

lenguas muertas.
La quilla encalla
un juramento roto
en rocas salientes,
heridas de sal 

que sangran memorias.


Aquí, entre las olas,
reflejos de espejos y epitafios,
el tiempo marca el umbral sombrío
de la mítica isla bella

que un día fue corona.


Oh tú, viajera de los hechizos,
caminante de los bordes del sueño,
te veo deshaciendo
altos bordes helados,
que abren páginas
de un libro olvidado 
por el invierno.

Surcas lenta y leve, 
en equilibrio sobre una barca,
te balanceas sobre olas de oro
pegadas a los ojos,
al sol como dos pájaros de nácar
abrazas sueños  
en la caída del día.

Gráciles redes rubias
aprisionan la hora,
esa hora del temblor y del presagio.

Nacen escalofríos,
y crecen voces tristes,
y en la ribera desgarrada
silbando el llanto de las cañas rotas,
miran fieras claras y tiembla
un eco desde el follaje, 
acaricia el espeso silencio.

Se ve el ocaso derramarse
como sangre celeste
en la garganta del río.

Y tú…
tú eras y eres un ser marino,
dejas en mis labios el eco
de un viejo naufragio,
el sabor salobre
de un amor arcaico.

Pasaste y continuas a pasar 
por mi pecho
como las luces de un barco
que navega de noche.

Tú, que seguiste
la ruta secreta de la estrella polar,
tú, que dejaste una estrella
en el hueco del sueño,
allí donde tu cabeza
reposaba como fruta callada,
ahora dentro de mí
caminas por los bosques,
descalza y sonámbula.

Cuando despiertes
hallarás en tu hombro
una pluma, es mía.

Te he seguido
paso a paso,
como un ave nocturna,
como un conjuro hecho sombra.

Volveré a ser la malabarista,
la que juega con silencios,
donde fluyen tus aguas.

Pero no quiero…
no quiero que el arco de tus pestañas
arme la última flecha.

¿Dónde llevaré
este viejo corazón mío,
sino a encallar,
una vez más,
en la isla que ya no existe?

No pudiste decirle adiós

No pudiste decirle adiós,
la marea te arrancó de su abrazo
antes de que tu voz
rompiera el aire con su nombre.

Zarpaste sin mirar atrás,
con el alma hecha equipaje,
y en los bolsillos,
el naufragio del exilio.

El viento, traidor y seco,
no te trajo gurapo,
solo aguas amargas,
que arden como cartas no escritas.

La ruta se ha perdido,
la quilla encalla
en días sin patria,
en costas que no pronuncian 
tu lengua.

Te crecieron en la sien
las canas dulces de la nostalgia,
esas que no pesan,
pero duelen con ternura.

Y ahí, entre las olas,
aún se marca el lugar
donde la isla se hundió…
y con ella, tu último hogar.

En pedazos

Vives en pedazos,
como un espejo roto que aún refleja el cielo.

No hay mapa para los días sin orilla,
ni brújula para el alma que ha naufragado.

La quilla atraviesa huracanes,
pero tu pecho es más frágil que el viento.

Cada noche es un puerto que no reconoces,
cada sueño, una grieta 
donde canta el silencio.

Aún así, cantas.

Como en La nave va,
cuando el barco se hunde
y las voces se elevan sobre el abismo.
La fiesta de los peces olvidados
es el faro:
se enciende, y con ella tú
más viva, más heroica que nunca.

Un dulce pensamiento de paso 
flota, como ceniza de ternura 
sobre el mar, se abre una silueta,
mujer de poetas,
guarda en su aliento
el eco de los cerezos 
que los poetas soñaron.

Bajo la roca de los poetas,
la vida aún respira
como lo hacen los cuentos,
los pétalos, los niños y el amor.

El naufragio de Eneas

¡Timonel, ten cuidado! La marea
oscura nos asalta sin clemencia.

¡La ruta, la ruta…! Perdida esencia
de un rumbo que en la noche se voltea.

¿Timonel, qué haces? ¡Oh Padre Enea!,
la pérfida diosa, con violencia,
mandó a Morfeo, y su fatal presencia
llevó a Palinuro donde no hay idea.

Con artes siniestras lo durmió el sueño,
y el mar lo devoró con cruel lamento.

Ahora, a la deriva, sin diseño,
nos mecen las olas, sin fundamento,
presos del torbellino más pequeño,
sin faro, sin fe, sin presentimiento.

Canto menor al ornitorrinco

Demasiado fácil rimar la espuma,
los delfines felices, las gaviotas
que danzan con el viento,
como si el mundo fuera un poema simple.

Yo prefiero cantar al olvidado,
al torpe héroe de barro y agua dulce,
el que pone huevos sin pedir permiso,
mamífero sin ley ni linaje.

Ornitorrinco: tu nombre es un acertijo,
una burla de la lengua a la razón.

Llevas veneno dormido en las orillas,
un secreto antiguo bajo escamas,
y aun así eres paz:
cazador de sombras blandas,
te nutres del temblor que deja el barro,
sueñas en estanques sin memoria,
bajo luciérnagas cansadas,
donde el cielo se disuelve 
en las raíces del agua.

Navegas bajo la noche del sur,
deslizas tu forma entre reflejos rotos.

Eres eco sin voz,
presencia que apenas roza la materia
que te mantiene,
en una vibración de la palabra.



***


Yuleisy Cruz Lezcano. Nació en la isla de Cuba el 13 marzo de 1973, vive en Marzabotto (Bolonia; Italia). Trabaja en la salud pública. fue candidata al Premio Strega en Italia, con su último libro “Di un’altra voce sarà la paura”, que presentará en el Salone Internazionale del libro di Torino.




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