viernes, 2 de abril de 2021

Senderismo Poético. Borges. Lorca.

 





Barranco Hondo-Mesa Roldán-Mirador Playa de los Muertos. Sendero SL-166 (11 km)

En el día de ayer, Jueves Santo, realizamos un pequeño recorrido de 12 Km por el único desierto europeo, Desierto de Tabernas. Hoy, Viernes Santo, recorrido poético de 11 km por el Cabo de Gata, la zona más árida de Europa. En concreto se trata del recorrido circular trazado por el SL-166, que abarca Barranco Hondo-Mesa Roldán-Mirador Playa de los Muertos. Se trata de un recorrido de dificultad baja que se puede recorrer tranquilamente en menos de 4 horas, al alcance de todas las personas, siendo el máximo nivel acumulado unos 250 msnm.

El Parque Natural Marítimo-Terrestre de Cabo de Gata-Níjar, creado en 1987 con objeto de conservar sus ecosistemas naturales y valores paisajísticos, comprende los municipios de Almería, Carboneras, Níjar, más Superficie Marina abarcando un área de 460 km2. Cabo de Gata en su conjunto, se trata de un paraje natural apenas alterado por la mano del hombre, acoge una prolija flora y fauna, además de macizos montañosos de origen volcánico, rincones paradisíacos donde el verdadero lujo es el contacto con la naturaleza y el silencio.

Se aprecia, en el sendero SL-166, un buen trazado, buena señalización y demarcación del recorrido con ristras de piedras bien alineadas que invitan al senderista a no salir del trazado, así y todo, hacemos tres observaciones a nuestro punto de vista graves y que se podrían corregir con un mínimo de voluntad por parte de los responsables del SL-166. -a- Al inicio del sendero, según se advierte en el panel informativo situado al final de la zona de aparcamiento frente a la caseta del Punto de Información, hay que hacer un kilómetro y medio por la carretera en dirección Carboneras. Carretera sin arcén y con mucho tráfico. Librado este inconveniente, al inicio del sendero de tierra, Rambla del Hondo, -b- un portón advierte que es propiedad privada, coto de caza, y casi al final de este tramo para, una vez cruzada la carretera, continuar hacia Mesa Roldan, otro cartel advierte, justo al pasar el cruce con la Vía Verde Lucainena de las Torres, -c- que entramos bajo nuestra responsabilidad en coto de caza y que los festivos y fines de semana pudiera haber cazadores.

Nadie ha dicho que sea fácil establecer un sendero, podemos intuir los inconvenientes de estos grandes trazados que en muchísimas ocasiones se ven obligados a cruzar o incluso transitar por propiedades privadas, pero la seguridad de los senderistas es primordial y creo que es una de las asignaturas pendientes del senderismo.

En la naturaleza debe prevalecer la belleza y la paz interior, que sean las huellas de los pies, el único rastro de nuestro paso, pero además es preciso transitar por los senderos marcados, ni trochas ni atajos; no abrir “nuevos” ramales al camino. Y, por supuesto, no dejar desperdicios de ningún tipo, mondas de fruta, restos de comida… los habitantes de la naturaleza, saben buscarse por sí mismos su propio sustento.

Desde nuestra posición de usuarios, simplemente podemos invitar a caminar los senderos con sentido común y máximo respeto a la naturaleza; caminar y caminar en silencio, porque caminar es la manera más sostenible y respetuosa de disfrutar del medio ambiente, porque el silencio es el modo más sutil de comunicarte con la naturaleza, de apreciar sus espacios y conocer la historia, costumbres y tradiciones de los lugares que demarcan los senderos transitados. El silencio, más allá de la ausencia de ruido, es un estado de armonía y de paz que nos brinda la naturaleza y tal como la poesía, el silencio es sanador.

Finalizamos el recorrido en el Mirador de la Playa de los Muertos, así llamada porque se dice que aquí recalaban los ahogados de los naufragios arrastrados por las corrientes marinas.  Recitamos poemas de Borges y Lorca.

 

Alguien. Jorge Luis Borges

Un hombre trabajado por el tiempo,

un hombre que ni siquiera espera la muerte

(las pruebas de la muerte son estadísticas

y nadie hay que no corra el albur

de ser el primer inmortal),

un hombre que ha aprendido a agradecer

las modestas limosnas de los días:

el sueño, la rutina, el sabor del agua,

una no sospechada etimología,

un verso latino o sajón,

la memoria de una mujer que lo ha abandonado

hace ya tantos años

que hoy puede recordarla sin amargura,

un hombre que no ignora que el presente

ya es el porvenir y el olvido,

un hombre que ha sido desleal

y con el que fueron desleales,

puede sentir de pronto, al cruzar la calle,

una misteriosa felicidad

que no viene del lado de la esperanza

sino de una antigua inocencia,

de su propia raíz o de un dios disperso.

 

Sabe que no debe mirarla de cerca,

porque hay razones más terribles que tigres

que le demostrarán su obligación

de ser un desdichado,

pero humildemente recibe

esa felicidad, esa ráfaga.

 

Quizá en la muerte para siempre seremos,

cuando el polvo sea polvo,

esa indescifrable raíz,

de la cual para siempre crecerá,

ecuánime o atroz,

nuestro solitario cielo o infierno.

 

Rueda de los tres amigos. Federico García Lorca


Enrique,
Emilio,
Lorenzo.

Estaban los tres helados:
Enrique por el mundo de las camas;
Emilio por el mundo de los ojos y las heridas de las manos,
Lorenzo por el mundo de las universidades sin tejados.

Lorenzo,
Emilio,
Enrique.

Estaban los tres quemados:
Lorenzo por el mundo de las hojas y las bolas de billar;
Emilio por el mundo de la sangre y los alfileres blancos,
Enrique por el mundo de los muertos y los periódicos abandonados.

Lorenzo,
Emilio,
Enrique.

Estaban los tres enterrados.
Lorenzo en un seno de Flora;
Emilio en la, yerta ginebra que se olvida en el vaso,
Enrique en la hormiga, en el mar y en los ojos vacíos de los pájaros.

Lorenzo,
Emilio,
Enrique.

Fueron los tres en mis manos
tres montañas chinas,
tres sombras de caballo,
tres paisajes de nieve y una cabaña de azucenas
por los palomares donde la luna se pone plana bajo el gallo.

Uno
y uno
y uno.

Estaban los tres momificados.
Con las moscas del invierno,
con los tinteros que orina el perro y desprecia el vilano,
con la brisa que hiela el corazón de todas las madres,
por los blancos derribos de Júpiter donde meriendan muerte los borrachos.

Tres
y dos
y uno.

Los vi perderse llorando y cantando
por un huevo de gallina,
por la noche que enseñaba su esqueleto de tabaco,
por mi dolor lleno de rostros y punzantes esquirlas de luna,
por mi alegría de ruedas dentadas y látigos,
por mi pecho turbado por las palomas,
por mi muerte desierta con un solo paseante equivocado.

Yo había matado la quinta luna
y bebían agua por las fuentes los abanicos y los aplausos.
Tibia leche encerrada de las recién paridas
agitaba las rosas con un largo dolor blanco.

Enrique,
Emilio,
Lorenzo.

Diana es dura,
pero a veces tiene los pechos nublados.
Puede la piedra blanca latir en la sangre del ciervo
y el ciervo puede soñar por los ojos de un caballo.

Cuando se hundieron las formas puras
bajo el cri cri de las margaritas,
comprendí que me habían asesinado.
Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias,
abrieron los toneles y los armarios,
destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro.
Ya no me encontraron.
¿No me encontraron?
No. No me encontraron.
Pero se supo que la sexta luna huyó torrente arriba,
y que el mar recordó ¡de pronto!
los nombres de todos sus ahogados.



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